UU. AA. regaló ayer cientos de racimos de uva para protestar por el precio del producto. Los ciudadanos aceptaron el regalo pero desconocían sus reivindicaciones
22 sep 2007 . Actualizado a las 02:00 h.Un grupo de viticultores de O Ribeiro regaló ayer mil kilos de uva frente a la delegación de la Consellería de Medio Rural, en la calle Florentino López Cuevillas, en una protesta organizada por el sindicato Unións Agrarias. Los ourensanos que pasaron por la zona entre las 11.00 y las 13.00 horas se llevaron a casa una bolsa con dos racimos de uva de variedad jerez y un panfleto que reclamaba un precio justo para los viticultores. La mayoría desconocía las reivindicaciones del colectivo, pero todos aceptaban gustosos el regalo.
La Mesa do Viño de la denominación se cerró este año con acuerdo de precios para las variedades autóctonas de la comarca, aquellas sobre las que se asienta la fama y el prestigio de los vinos de O Ribeiro. Para las que en el reglamento son contempladas simplemente como «autorizadas» -jerez y garnacha, en su mayor parte»-, no habrá una tarifa establecida. Esta situación, según el sindicato, provoca una gran incertidumbre entre los viticultores que cultivan esas variedades, que suponen el 72% de las uvas de la denominación, según aseguró ayer Carlos Basalo, secretario de Organización de Unións Agrarias. «Queremos demostrar que tódalas uvas do Ribeiro son de calidade e quitar esa falso discurso que se está promovendo desde determinados estamentos de que as uvas de xerez non son de calidade», explicó ayer antes de que el acto comenzase.
Desinformados
Los argumentos de UU. AA. no fueron escuchados por los ciudadanos que recogían las uvas. Todos los consultados desconocían los motivos de la protesta. Algunos lo intuían, como Pura García, una de la primeras en pasar por allí. «Paréceme moi ben o regalo, pero non sei por qué é. Será porque lles pagan pouco», decía bolsa en mano. Y después del regalo, la solidaridad: «Cumpría que lles pagaran ben porque os viticultores teñen que traballar moito para sacar as uvas», indicaba la mujer.
La mayoría se marcharon de allí sin saber siquiera a qué se debía la protesta. «Voume contenta pero non sei de qué vai ou qué piden», decía María Teresa Nóvoa. Una vez informada, la mujer entendía que «é de xustiza que lles paguen máis porque o viño se paga moi caro no mercado por culpa dos intermediarios, que encarecen o produto».
Viticultores
Los otros protagonistas de la mañana era la veintena de viticultores que participó en la movilización. Su punto de vista era, como es natural, mucho más cercano a la realidad. José Gómez, por ejemplo, daba todas las claves en sólo tres frases: «As adegas non queren o xerez nin a garnacha, pero a maioría das que hai no Ribeiro son estas. Ó non ter a quen llas vender hai que deixar as viñas. Así a xente non pode vivir nas aldeas porque non ten de qué, sen industrias e coa uva a un prezo de risa». En definitiva, si las bodegas se pelean por las variedades autóctonas, quizás los esfuerzos deberían dirigirse a potenciar y subvencionar la reconversión de los cultivos de la comarca.