Descansar o lavar mi honor

La Voz

LEMOS

En directo | Parque Rosalía de Castro

07 jul 2007 . Actualizado a las 07:00 h.

Es un tópico muy socorrido equiparar los parques metropolitanos a los pulmones de un organismo, pero eso es, precisamente, lo que pensé según me acercaba al parque de Rosalía de Castro. Escarmentada por el asunto de mi fallida excursión al Parque do Miño, en esta ocasión fui sobre terreno seguro y reprimiendo a mi cerebro de continuo para evitar cambios de planes. «Cada cosa a su tiempo», pensé. Y volviendo al asunto del tópico, después de pasar una buena tarde en el parque, junto a las tertulias de los grupos de jubilados y alguna que otra familia, dictaminé que Lugo tiene unos buenos pulmones. Y no sólo eso. Según he leído en este periódico, funcionan a jornada completa: mañanas y tardes paseantes, familias y demás; por las noches, botellón. Sobre los restos de tan extendida y controvertida diversión, he de decir que si había, yo no los vi. Di un par de vueltas tranquilas y me dio la impresión de que el diseño del parque le hacía honor a su nombre, con un cierto aire romántico, que me recordaba a los textos de la escritora. En general, me pareció que está bien cuidado y que, como ya he dicho unas líneas más arriba, tiene cierto encanto que lo hace atractivo y más elegante que las socorridas nuevas zonas verdes. Una vez hechas las pesquisas generales, me asomé al lateral que está junto al mirador, (actualmente cerrado por obras) y volví a ver, una vez más, al codiciado objeto de mis deseos: el Miño. Y fue en este momento cuando una especie de bofetada figurada me alcanzó en plena cara al ver lo que parecía una bajada directa. Sentí cómo se abría paso la duda en mi cabeza y comenzaba a fraguarse un debate interno con la siguiente diatriba: lavar mi honor de incipiente trotamundos o sentarme a leer el periódico y dormitar a la sombra, dando un respiro a mis sufridos pies. Como ya habrán deducido mis lectores, ganó por goleada el descanso. Busqué un banco tranquilo, aparenté estar súper enfrascada en la lectura para evitar compañías desagradables (no sé por qué, el hecho de ver a una mujer sola sentada en un parque, para algunos es sinónimo de otras cosas...) y dejé pasar la tarde sin un ápice de vergüenza.