En Ourense todavía quedan cinco pararrayos radiactivos por quitar

La Voz R. N. | OURENSE

LEMOS

Debido a su peligrosidad se han desmantelado más de trescientos desde 1993 La empresa encargada de su retirada confía en que a final de año no haya ninguno

30 jun 2007 . Actualizado a las 07:00 h.

El constante desmantelamiento de los pararrayos radiactivos que se instalaron en la década de los sesenta no ha finalizado en la provincia de Ourense, ya que restan todavía cinco por quitar. Según la Empresa Nacional de Residuos Radiactivos (Enresa), que es la encargada de realizar la retirada, antes de que finalice este año pasarán a la historia los cinco pararrayos censados de los que se tiene constancia poniendo fin a una labor que se inició en 1993 y que supuso que en el territorio ourensano se eliminasen del mapa 336 instalaciones que encerraban una pequeña fuente nociva. Las cifras aportadas por Enresa no son definitivas, ya que desde la administración autonómica, que ha desarrollado diferentes campañas para favorecer el desmantelamiento, reconocen las dificultades para establecer un censo definitivo, ya que pueden existir más diseminados por la provincia de los que no haya constancia. Precisamente, que los propietarios de las viviendas o las comunidades de vecinos no demandan la retirada y las dificultades para acceder al emplazamiento donde están ubicados son los motivos que han retrasado su compleja retirada, que se inició hace catorce años en el territorio nacional, en el que se calcula que había unos 26.000 pararrayos, de los que el 8% se encontraban en Galicia. En el conjunto de la comunidad restan 37 por retirar (la mitad que en 2004), siendo la provincia de Lugo (24) en la que queda un mayor trabajo por realizar. Peligrosidad Los riesgos para la salud de estas instalaciones radiactivas llegan si se someten a un traslado de lugar o a una manipulación indebida, ya que si se mantienen en su estado original carecen de peligrosidad para los ciudadanos pese a que, en muchas ocasiones, su sola presencia ha levantado voces de alarma en la población, que se muestra escéptica a convivir en un entorno donde se encuentra una fuente con radiactividad. Visualmente, sólo se diferencia de uno convencional en que la parte superior encierra una pequeña fuente radiactiva. El mástil, acabado en punta para facilitar la captación de cualquier descarga eléctrica producida en su entorno, así como el cable conductor del rayo a una toma de tierra, son idénticos. Pese a que si se cumplen los requisitos básicos de seguridad no son peligrosos, su instalación no está permitida en España desde 1986, dado que su eficacia no es superior a los convencionales. La mayoría de los detectados, y ya retirados, se encontraban instalados en edificios oficiales (estatales, autonómicos y municipales) y en los polígonos industriales, donde se registró una densidad relativamente importante de pararrayos radiactivos. Todos los materiales contaminados que se retiran del cabezal se introducen en los contenedores previstos para el transporte de este tipo de material y su envío al Reino Unido para su posterior reciclaje. Al margen de las campañas institucionales que fomentan su retirada, la legislación vigente también deja la posibilidad a los propietarios de mantenerlos operativos, siempre bajo supervisión.