Análisis | La trastienda política
07 feb 2007 . Actualizado a las 06:00 h.?a Consellería de Cultura, el Concello de Ourense y los partidos que les representan (BNG y PP, respectivamente) dieron muestras evidentes en los últimos meses de su incapacidad para encauzar unas relaciones inexistentes hasta en lo formal. Bastó que el gobierno local se enterase por la prensa el 15 marzo del 2006 de que la Xunta declaraba As Burgas como BIC para desencadenar una campaña de hostilidad a la que el Ejecutivo gallego respondió con aparente despreocupación. Nueve meses después de iniciados los trámites del expediente, el nuevo alcalde también se entera por los medios de comunicación de que el proceso está concluído y es inapelable. Ocurre justamente el día en el que Enrique Nóvoa lanzaba desde su recién estrenado sillón un mensaje de apertura de diálogo con Cultura. Pero tal vez sea ya muy tarde para recomponer las chirriantes relaciones. Ambos partidos trabajan con las miras puestas en las elecciones municipales de mayo, tal vez intentando buscar réditos en las urnas. El BNG justifica la preservación de As Burgas como su desvelo por mantener vivo un símbolo tan antiguo como la ciudad misma y que posiblemente estaría hoy igual de desamparado si no fuese porque la promotora del hotel estuvo a punto de hacer secar su manantial con una perforación del subsuelo a mayor profundidad de la necesaria. Aquella situación encendió todas las alarmas en la Xunta y también permitió una gran disculpa para fiscalizar una intervención descabellada. Una vez que Cultura tomó las riendas, impidió al Concello que siguiesen las obras adelante y, por extensión, que continuasen las del Centro de Interpretación o se iniciase la reforma de la vieja cárcel para un centro lúdico y termal. Con ello evitó que el PP presentase estas iniciativas como activo en las urnas. A su vez, el PP tiene ahora otra baza electoral, tal vez a su pesar, intentando vender que el enemigo (la Xunta) no cesa en su hostigamiento al Concello.