«Soy hijo de un fusilado. En 1941 mataron a mi padre y condenaron a mi madre a doce años de cárcel. Yo tenía 16 años». Constantino González empezó así una de las intervenciones más emotivas de las que ayer se pudieron escuchar en la Galería Sargadelos, durante la conferencia en la que participaron familiares de cuatro ferroviarios que trabajaban en Monforte en 1936 y que murieron o tuvieron que exiliarse. Constantino y su hermana dieron hace apenas ocho años con la fosa común en la que está enterrado su padre cerca de Toledo. Desde entonces, tratan de exhumar el cuerpo: «Buscamos a mi padre para poder enterrarlo en el cementerio de Pereiró, en Vigo, con su esposa». Isabel Tizón, la hija de Juan Tizón, alcalde socialista de Monforte cuando estalló la guerra civil, tenía 4 años cuando su padre murió en Oporto, pero gracias a actos como el de ayer sabe «lo querido que él llego a ser aquí en Monforte». Tomás Martín no llegó a conocer a su abuelo Eladio, fusilado nada más empezar la guerra por haber organizado la huelga con la que los ferroviarios monfortinos respondieron al golpe militar del 18 de julio. El maquinista Miguel Chapel no fue asesinado porque escapó a Francia. Su hijo Miguel contó ayer que todavía recuerda perfectamente las noches en vela en la casa de sus abuelos rodeada por la Guardia Civil en busca de su padre, con el que luego se reuniría.