Ambos bandos luchan por conseguir armas

La Voz

LEMOS

En Sarria, en la madrugada del día 20 y ante la escasez de armas disponibles, una partida de voluntarios se dirige al pueblo de Samos, por orden del alcalde. Allí requisan diverso material explosivo que amenazaba el expendedor José Arias Villanueva y son informados de que en el monasterio se ocultan desde el día 18 algunos conocidos falangistas. No obstante, desisten del intento de asaltarlo y regresan a Sarria transportando el material, que será custodiado en las dependencias municipales y del que no llegarán a hacer uso. Sin embargo, días más tarde sería utilizado por las nuevas autoridades en sus persecuciones contra los frente populistas. En la mañana del día 20, Sarria es un hervidero de gentes llegadas de todo el contorno. La feria que se celebra ese día termina por suspenderse, y una muchedumbre de personas mal armadas se concentra delante del domicilio del alcalde. De allí partirá una caravana con voluntarios de Sarria y otros ayuntamientos de la comarca para dirigirse a la capital con el objetivo de reclamar armas y ponerse a disposición del gobernador civil. En Lugo serán alojados, al igual que otros voluntarios llegados de otros pueblos de la provincia, en el hospital de Santa María, pero ya por la tarde se les ordena regresar al creer ingenuamente el gobernador que el Ejército permanecería en los cuarteles. De regreso, algunos serán ya detenidos en las inmediaciones de Puebla de San Julián y los más llegan a Sarria con la noticia de la pérdida de la capital. Por lo de pronto creen tener la situación controlada en Sarria, pero la resistencia sólo habrá de durar hasta la madrugada del día 21, cuando la guardia civil abandona su encierro y se dispone a tomar el ayuntamiento. Defensa de la legalidad En las inmediaciones del ayuntamiento, la situación se hace crítica por momentos, ante la negativa del alcalde a desalojarlo, sosteniendo que él es la única autoridad legal e invitando a la guardia civil a defender la legalidad. Pero algunos colaboradores le sugieren la necesidad de retirarse y, en previsión de males mayores, el alcalde termina por ceder.