Incendios y políticos

CARLOS VÁZQUEZ

LEMOS

TRIBUNA | O |

15 ago 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

NO ES casualidad que se hable tanto de los incendios. Galicia y otras partes de España sufren una sequía atroz que propaga con gran facilidad las llamas. Otra cosa es saber quién y por qué quema las superficies arbóreas. Porque el fuego que se padece de cerca, se ve incluso de lejos, en grandes columnas de humo. Tanto es así, que los que no acertaron en poner remedio, acuden para hacer el ridículo, apagando un fuego que apagaría incluso un niño. Otros, en cambio, aterrizan mostrando mirada compungida con cara de compromiso. Pero lo cierto es que una y otra vez, el calor del verano llega tras el silencio invernal y produce otra desfeita en los montes que también ayudan a dar identidad a esta parte del mundo que estos días tanto retratan los satélites Porque el fuego se huele, ensucia el ambiente y destruye el medio, pero sobre todo lo sufren los vecinos que, asustados, se tiran al monte con lo puesto para salvar lo suyo. ¡Eso sí que es duro! Y en este ir y venir, en medio de una fuerte sequía y azotados como estamos los gallegos por el abandono y la despoblación del mundo rural, que era quien se encargaba de limpiar el monte con otros usos, hay a quien se le ocurre compararlo con el Prestige. Aunque lo cierto es que tirar por ahí tiene sus riesgos. De momento, que yo sepa, no hemos visto aún que a través del teléfono nos paseen por delante de nuestras narices un barco a punto de romper. Ni tampoco hemos sabido de políticos con poder de decisión que, como si nada, sigan practicando la caza mientras Galicia se ennegrece. Y dicho esto, los que ahora ocupan la responsabilidad de gobernar debieran apartarse de la fácil tentación de culpar a sus antecesores de una mala política. Más que nada, porque el fuego avanza.