LA TRIBUNA | O |
21 jul 2006 . Actualizado a las 07:00 h.DECÍA EL tristemente célebre mariscal Goering: «Cuando oigo la palabra cultura echo mano a mi pistola». Por fortuna ese planteamiento del responsable de la fuerza aérea alemana durante la Segunda Guerra Mundial ya está completamente superado en la actualidad y a nadie se le ocurre defender una tesis con un planteamiento similar. La frase viene a cuento por el empeño, casi enfermizo, que ahora mismo mantienen en Sarria el gobierno local y el Partido Socialista -por fortuna el BNG ha tenido la decencia e inteligencia de mantenerse al margen- sobre cualquier cosa relacionada con el ámbito cultural. En lo que a las huestes de ideología de izquierdas se refiere, no desperdician una sola oportunidad de erigirse en defensores de cualquier cosa que esté relacionada con el ámbito cultural, la vanguardia y todo lo que suene a libertad o progresismo. Labor encomiable, siempre y cuando no caigan en el exceso de celo. Por su parte, los representantes del margen derecho de la política, en este caso claramente identificables con el gobierno local, no soportan que desde la oposición se autonombren como únicos defensores del progresismo, la modernidad y todo lo relacionado con el ámbito cultural. Desde una posición que intenta ser de centro, o como mínimo que intenta no inclinarse hacia uno u otro lado, me permito decirles que la CULTURA, sí con mayúsculas, mientras no se demuestre lo contrario, carece de ideología y lo único que tienen los políticos que conseguir es que sea accesible para todos. La realidad en Sarria es que el pueblo llano vuelve a estar una vez más al margen del debate político y que los concejales se acaban de meter en otro charco que sólo los va a salpicar a ellos.