El chocolate del concejal

RAMÓN RODRÍGUEZ

LEMOS

LA TRIBUNA | O |

17 mar 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

¡HMMM! Qué suerte tiene el ex alcalde. Con lo que nos gusta el chocolate. El concejal de obras de Monforte quiere regalarle la placa conmemorativa de la inauguración de la antigua fuente de la plaza de España, bañada en chocolate. Oye, qué nivel. No pase ningún apuro el ex alcalde. Cuenta una leyenda azteca que cuando el hombre fue expulsado del paraíso, le entregaron unas pepitas de cacao para que tuviera energía y vigor. Buena falta le hará para abrir la puerta de esa sede a la que cambiaron la cerradura. Le veo muy solo, no se preocupe, que en esto de las obras algún comerciante de la calle Roberto Bahamonde está rebozando un bordillo de acera con cacao criollo. Dicen que es el mejor. ¿Quiere la verdad? Añoro esa clase de representantes que están en política porque se desviven para satisfacer las necesidades de los ciudadanos. Lo del chocolate está bien traído, busca el escarnio a la vez que el el divertimento de los vecinos, convirtiendo la dichosa fuente en símbolo. Ya ven, para unos es el testimonio de su paso y para otros la preocupación por afianzar los suyo. Y como quitar únicamente esa plaquita nos importaría un nabo a la mayoría, a la vez que afloraría cierta raigambre democrática, se acomete la remodelación de la plaza entera. Mandan los cánones estéticos del Bloque: sustituir unas moles de granito por una cascada. La plaza que acogió un día a los manifestantes contra la guerra de Irak se deshace entre las ansias de eternidad y los caprichos acuáticos del concejal a cuenta del dinero de todos. Fruslería artística aparte, si creen que su traslado a otro lugar puede disgustar al arquitecto-urbanista, ex alcalde, ex conselleiro o a la madre del granito, colóquenla en una urna con iluminación y un botón para que cada vecino pudiera verla si le apetece. Es más barato.