Lugo pierde con el derribo de Abella otro vestigio de su explendor cárnico

LEMOS

JOSÉ LUIS VEGA

La sede de la factoría, inaugurada en 1941, será derribada en breve por las excavadoras El principal responsable comenzó con una camisería en la capital herculina

21 ene 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

?n los próximas semanas Lugo perderá el último vestigio, como ya sucedió con Frigsa hace un par de años, de una de sus industrias más florecientes durante más de treinta años. Se trata de la factoría Abella cuyas instalaciones serán devoradas en breve por las máquinas paleadoras debido a la fiebre constructiva. La piqueta también se llevará por delante las instalaciones de lo que en su día fue el matadero de Frimisa y también los históricos Laboratorios Beca. Muestras de una época dorada de la industria lucense quedarán definitivamente borradas. El nacimiento de Abella se fraguó cuando España había salido de la Guerra Civil. José Manuel Gordillo Parga, que fue director comercial de la empresa desde 1951 hasta 1979, recuerda que quienes estuvieron detrás de la operación fueron el general Queipo de Llano; su ayudante, Cuesta Monereo; el sevillano Carlos Beca; los hermanos Ferreiro (Ramón fue gobernador en Lugo y actualmente tiene una avenida a su nombre y Fernando, que fue magistrado); el abogado Faustino Vicente Díaz; Antonio Abella Laurel y su cuñado Rogelio Ramallo. La factoría se inauguró en octubre de 1941 y, con el paso de los tiempos, fue Antonio Abella Laurel y sus hermanos quienes se encargaron del complejo. En julio de 1985 la industria cerró definitivamente tras varios años de convulsiones. En opinión de José Manuel Gordillo, Antonio Abella fue un gran empresario. Fue comprando participaciones en la empresa y revertiendo en la misma las ganancias. Este villafranquino comenzó en el mundo de los negocios con una camisería en A Coruña y también con una representación de cereales. Emigró a Argentina y allí tuvo mucha vinculación con la industria cárnica. De vuelta en España se ligó con el matadero de Montellos, en la zona de Betanzos. En Lugo tuvo uno de los primeros coches de fabricación americana que, por cierto, le consumía 25 litros a los cien kilómetros. Luego trajo el primer «escarabajo» que circuló por la ciudad.