Roscas centenarias de Sober

C. Rueda | F. Albo SOBER

LEMOS

CARLOS RUEDA

Reportaje | Una tradición gastronómica en declive Sólo unos pocos vecinos del municipio conservan actualmente un antiguo oficio que en tiempos constituyó un importante recurso económico para muchas familias

12 ene 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

?ese a la Feira da Rosca que se celebra anualmente desde 1996, el oficio de rosqueiro está bastante lejos de tener la importancia de que gozó antaño en el municipio de Sober. De los quince artesanos que dedicaban a elaborar y vender roscas en la parroquia de Millán, hoy sólo quedan dos, al que hay que sumar otro en la localidad de Noguedo. En la actualidad los rosqueiros soberinos sólo cuecen por encargo y en fechas y fiestas muy señaladas. También acuden a las ferias más importantes y en los meses de verano suelen cocer la mayoría de los fines de semana. Al margen de estos casos, otros rosqueiros repartidos por todo el municipio ya sólo cuecen para su propio consumo. Estos artesanos son los últimos representantes de una larga tradición que en tiempos suponía un importante complemento para la economía local. El oficio era transmitido por tradición familiar. En las familias de rosqueiros, las tareas se distribuían normalmente por sexos: las mujeres amasaban y preparaba las roscas y el hombre calentaba el horno, enfornaba y después vendía las piezas. Con el cesto a hombros La frecuencia con que se cocían las roscas dependía, en gran medida, de las ferias y fiestas que había durante el transcurso del año, así como de los encargos que hiciesen eventualmente los particulares. Cada rosqueiro tenía su propio ámbito geográfico que se solía respetar, aunque en algunas fiestas y ferias solían coincidir varios al mismo tiempo. Iban a las ferias de Sober, Escairón, Ferreira de Pantón, Monforte, Castro Caldelas... Eran varios los rosqueiros que acudían a estas ferias andando y con el cesto de roscas «ao lombo» si no disponían de caballerías u otro medio de transporte. Para ir a Pombeiro tenían que salir al anochecer, a fin de llegar al día siguiente nada más romper el día. La Guerra Civil, según indican los artesanos que quedan en activo, fue una de las causas de la decadencia de esta actividad. Tras la contienda escaseó la harina y para conseguirla había que recurrir al estraperlo. Desde entonces el oficio se fue reduciendo de forma alarmante.