Testimonio Jacobo Rey González, de 20 años, tiene algo más que una alteración en los cromosomas. Tiene un empleo, una mesa de oficina, compañeros. Y muchas ganas
19 nov 2005 . Actualizado a las 06:00 h.«Cuando nace, piensas: que aprenda a andar. Cuando aprende a andar, piensas: que aprenda a hablar. Cuando aprende a hablar, piensas: que aprenda a leer. Es una vida de retos constantes». La que describe con tanto detalle cómo es la existencia de una persona con síndrome de Down, y la de sus familiares, es la madre de Jacobo Rey González, un joven de 20 años que ha conseguido un trabajo en el Concello de Ourense -a través del Plan Labora- alcanzando la integración laboral sin necesidad de recurrir a una empresa específica para discapacitados. Su caso es único y pionero en la provincia. Paz, su madre, se muestra realmente entusiasmada con el resultado de tanto años de trabajo. «Esto ha exigido mucha constancia por su parte», asegura. Y continúa: «Es una cosa de todos los días. Tienes que estar muy encima, mentalizarte. Ahora estamos recogiendo los frutos». Constancia Así, la historia de Jacobo, que es una bonita historia, es una historia de constancia. Y también de un poco de sana, positiva y rentable cabezonería. Paz recuerda que siempre le repetía, cuando era pequeño e intentaba hacer algo que le costaba, «Tú puedes hacerlo». Después se lo encontraba hablando solo, por ejemplo mientras intentaba atarse los cordones de los zapatos, repitiendo: «Yo puedo, yo puedo». Y ha podido. Jacobo estudió en Franciscanas, en un aula ordinaria aunque contaba con clases de apoyo (dos horas al día con una profesora de educación especial) para las asignaturas que más le costaban. La lengua y las matemáticas fueron los huesos que tuvo que roer mientras disfrutaba de otras materias, como la historia o la biología, en las que ejercía su memoria. Más formación Cuando dejó el colegio, su familia se planteó la manera de que siguiera formándose. En un principio pensaron en la jardinería pero, finalmente, acabó haciendo un curso de garantía social de auxiliar de oficina. Para él la elección no podía ser mejor. «Le encanta. ¡Si hasta de pequeño jugaba a las oficinas en casa!», rememora su madre. Después del curso llegó la oportunidad de trabajar. Y en eso está. Administrativo, con un plan Labora en el Concello de Ourense, como muchos jóvenes gallegos que acceden por primera vez a un empleo. Eso sí, en su caso, la lectura va más allá de lo personal y toca lo social. «Al principio, cuando el niño nace, no te dan muchas esperanzas». Así recuerda Paz González los comienzos de una aventura que ahora atraviesa por uno de los momentos más dulces y satisfactorios. Explica que, desde siempre, se marcaron pequeñas metas, para no desanimarse ni agobiarse. «Que trabaje es más de lo que esperábamos», concluye ahora, repasando esas etapas recorridas con tanto esfuerzo. Pablo Pineda, el primer licenciado con síndrome de Down de España, se convirtió muchas veces en referente, desde la tele, de Jacobo. Lo recuerda su madre: «Yo pensaba, ojalá. Y al final... No es imposible, pero se necesita ayuda».