Movida y botellón en Sarria

LEMOS

LA TRIBUNA | O |

10 oct 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

DESDE HACE años, Sarria es conocida en diferentes latitudes de Galicia, entre otras cosas, por las juergas del fin de semana. La noche de los sábados, la villa aglutina a numerosos jóvenes de distintas localidades que se dan cita para, según ellos, divertirse. Las consecuencias son de sobra conocidas: destrozos en el mobiliario urbano y en las propiedades y comercios os particulares. Sin embargo, y siendo esto grave, no es lo peor. Lo auténticamente lamentable es observar cómo una parte de la juventud no sabe encontrar otra forma de ocio que no sea la vinculada al alcohol y a la música estridente. Es decir, al aturdimiento puro y duro. En una época en la que el acceso a todo tipo de pasatiempos está garantizado, nos topamos de bruces con que lo único que parece llamar la atención es lo pernicioso, lo que daña la salud. Las iniciativas lúdicas y culturales a un tiempo, como la protagonizada por el cine club de Meigas, parece que no pueden competir con adversarios tan poderosos como la movida o el botellón. Todo aquello que requiera un mínimo esfuerzo, un ejercicio de raciocinio o de análisis crítico, está abocado al fracaso. Y lo que sucede en Sarria pasa en todo el país. Convendría pensar la manera de erradicar un problema que amenaza con convertirse en irresoluble. Limitar horarios, más presencia policial y prohibición de beber en la calle son medidas coercitivas necesarias. Las demás atañen al tejido social y a sus valores. Y la televisión tiene mucho que ver en ello. Los mensajes que transmite no van precisamente en la línea de primar el trabajo, el esfuerzo y la autoestima, sino más bien al contrario: muestran un mundo irreal en el que triunfan sólo las apariencias. Difícilmente se puede esperar así que, a una edad aún inmadura, los jóvenes sean capaces de filtrar la información y quedarse con lo que realmente les interesa.