Franco todavía no cede la calle

LEMOS

Crónica | Retirada de simbología de la dictadura en Portomarín El PP aprobó una moción del PSOE hace dos meses para suprimir del callejro al general Franco. Sin embargo, ayer se negó a poner fecha para cumplir el acuerdo

09 may 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

En plena fiebre de la retirada de las estatuas ecuestres de Franco -León y Madrid fueron las últimas y sólo queda Zaragoza- en Portomarín volvían a debatir en el pleno la moción del PSOE para cambiar el nombre de la calle General Franco. Los socialistas solicitaban el cambio de nombre de esta calle y la retirada del escudo del anterior régimen del cuartel de la Guardia Civil. En la sesión de ayer pedían que los distintos grupos políticos presentaran sus propuestas para denominar la nueva vía, ubiada en pleno centro de la villa. El BNG fue más allá y solicitó oficialmente que se retiraran del callejero las vías denominadas Fraga Iribarne y Sánchez Carro, ligadas según los nacionalistas a nombres de altos cargos de la etapa de la dictadura. El alcalde manifestó que esa moción ya se había debatido y que su contenido ya se aplicaría llegado el momento. Eloy Rodríguez propuso que se estudiara la posibilidad de recuperar nombres del viejo Portomarín para denominar a esta calle. La propuesta de la alcaldía fue aceptada de buen grado por la portavoz socialista, Silvia Rodríguez, al igual que por el del BNG, Xesús López, que apuntó también como posibles nombres los de los escritores Trapero Pardo y Gonzalo Paz. Estas personas merecen, a juicio de los nacionalistas, que le den su nombre a alguna calle antes que otros que ya obtuvieron ese galardón con menos merecimiento. Al final del amplio debate lo único que quedó claro es que el grupo de gobierno rechazaba la moción y que la decisión del cambio de nombre de la calle General Franco quedaba aplazada hasta que los ediles del PP de Portomarín maduraran la situación y tuvieran a bien decidirlo en una próxima sesión. Mientras esto sucedía en la casa consistorial, en la calle objeto de la polémica se ubicaban una buena parte de los puestos del mercado, ajenos al debate político.