Tabaco sí, gracias

Luis Díaz
Luis Díaz MONFORTE

LEMOS

ALBERTO LÓPEZ

Crónica | Una drogodependencia con arraigo social Ninguna empresa de Monforte secundó en el 2004 la campaña municipal para que sus trabajadores dejasen el hábito de fumar. Para este año el objetivo son los profesores

07 may 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

O hay menos fumadores de lo que parece o el endurecimiento de las normas sobre el consumo de tabaco en los centros de trabajo es papel mojado. En este dilema está el personal de la unidad asistencial de drogodependencias desde el pasado año. A comienzos del 2004 se ofreció por escrito a las sesenta empresas censadas en Monforte a colaborar en planes de deshabituación para el personal enganchado al cigarro. Ninguna respondió a la invitación. «Como las leyes son ahora más duras en las empresas, decidimos ponernos a su disposición. Estábamos dispuestas a acudir al centro de trabajo a desarrollar los planes de erradicación del tabaquismo si había gente interesada en dejar de fumar», explica Luisa Astray. Ella es la encargada de coordinar con Teresa González este tipo de programas, que ya se desarrollan desde hace años de puertas a dentro en la unidad asistencial. El nulo eco de la iniciativa, que estaba destinada a un colectivo de 600 trabajadores, las ha movido a modificar sus planteamientos. A la hora de impulsar los programas de erradicación del tabaquismo fuera de las instalaciones municipales, este año son los profesores de Monforte quienes tienen prioridad. Según detalla Luisa Astray, «seguimos abiertos a la colaboración con las empresas, pero como la última propuesta no dio mucho resultado nos hemos puesto también otros objetivos». Tibia respuesta La respuesta de los docentes ha sido más positiva que la de los empresarios, aunque tampoco anima a lanzar cohetes. De las encuestas realizadas el pasado mes de enero, se desprende que hay un grupo de «cinco o seis» profesores en uno de los centros de enseñanza locales que estarían dispuestos a recibir las visitas del personal de la unidad asistencial para tratar de dejar de fumar. En otros, confiesan las responsables de los programas de lucha contra el tabaquismo, «hubo menos respuesta». La unidad municipal ofrece ante todo «apoyo moral» a los fumadores que quieren dejar el vicio, aunque si es necesario se introduce otro tipo de estímulos en la terapia. Si alguien necesita parches de nictina, por ejemplo, no hay ningún inconveniente en utilizarlos, aunque lo primero es estar realmente motivado. «La ayuda de fuera viene bien para superar el hábito del tabaco, pero sin motivación no hay ánimos ni parches que valgan», dice Luisa Astray. A tenor de su experiencia, los fumadores que quieren dejarlo comienzan a perder el reparo a acudir a un centro en cuyo cartel figura la palabra maldita: drogodependencias.