Un infierno en el paraíso

LEMOS

Crónica | Odisea de una familia de Sarria en Punta Cana Las vacaciones del ex edil Luis Pardo en la República Dominicana sólo duraron dos días. El mayorista les hizo viajar a sabiendas de los destrozos del huracán Jeanne

23 sep 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

Los 11 días de vacaciones que se presumían idílicos para el ex edil Luis Pardo, su mujer y su hija se transformaron en una pesadilla por culpa del huracán Jeanne, que arrasó la región de Punta Cana (República Dominicana) en la que iban a disfrutar de unos días de asueto. El viaje ya comenzó mal al salir el avión de Barajas con 4 horas de retraso, pero fue el transtorno menos grave. En Madrid los viajeros ya dudaban del tiempo y por ello preguntaron en el mostrador de Iberojet. «La gente está tomando el sol en Punta Cana», les dijo el responsable, pero esta versión se derrumbó por completo cuando el piloto del avión les dijo que los aeropuertos de Punta Cana y La Romana estaban inutilizados y tuvieron que aterrizar en Santo Domingo en medio de un enorme temporal, última secuela del huracán. «El aterrizaje fue tremendo. Luego no sabían que hacer con nosotros. Nos metieron en una sala y después de muchas protestas logramos que nos llevaran a dormir a un hotel. A la mañana siguiente teníamos que volar de nuevo a Punta Cana a las 9 de la mañana y salimos a las 13 horas. Llegaron a acusar de la demora a los tripulantes del avión ante la indignación de la gente. Para evitar males mayores tuvimos que informarlos a todos, en grupos de 15, de que no era así y por fin salió de nuevo el avión», narró Luis Pardo. El aspecto del aeródromo de Punta Cana era desolador, agua en la pista, el techo completamente arrancado y palmeras derribadas por todos lados. La situación llegó a su tono más tragicómico cuando por fin apareció un empleado del mayorista para anunciar ante el estupor general que al día siguiente a las 9.15 iba a recoger a los turistas a los hoteles para comenzar las excursiones previstas. Los autobuses, con el agua llegando a medio de las ruedas, trasladaron a los viajeros a los hoteles. «El tendido eléctrico y las casas estaban completamente destruidas. Cuando por fin llegamos al hotel otros viajeros nos dijeron que era lo que hacíamos allí cuando ellos llevaban cuatro días incomunicados y las autoridades habían advertido a las compañías de viajes que enviaran aviones vacíos para desalojar la zona», explicó Luis Pardo. Cinco horas después de llegar al hotel lograron que les dieran habitaciones, a las que fueron trasladados en vehículos todoterreno. En las de la planta baja el agua anegaba las camas. Por suerte a los sarrianos les asignaron una en el segundo piso. Sólo funcionaba uno de los siete restaurantes del hotel y el personal era el mínimo para atender a 1.200 personas. Por lo menos esa noche cenaron, eso sí en un bufet poco abundante y sobre el que caía agua de las paredes, además de estar en todo momento con el agua a la altura de las rodillas. La indignación de los turistas era enorme, pero adquirió tintes mayores cuando comprobaron que en las puertas de las habitaciones había notas en las que advertían que estaban incomunicados desde el día 10 y recomendaban a la gente que no saliera a la calle. Después de hablar con el gerente de Iberojet en el país les garantizaron que iban a fletar un avión al día siguiente para repatriarlos. La promesa se cumplió, después de más de 8 horas de espera y preocupados al comprobar que nadie del aeropuerto sabía nada de su avión. La última aventura fue una larga espera de 4 horas dentro del avión para aguardar a que desde Madrid dieran autorización para despegar. Por fin llegaron a Barajas, eso sí con 40 pasajeros menos de los que compartieron viaje de ida. Esos seguro que contarán otra historia.