«Monforte tiene un patrimonio muy valioso y poco conocido»

Francisco Albo
Francisco Albo MONFORTE

LEMOS

OSCAR CELA

Entrevista | Ana Diéguez Rodríguez Oriunda de Sober, presentó ayer en Lugo un libro en que refleja sus estudios sobre el arte religioso de la comarca de Lemos en los siglos XVII y XVIII

01 abr 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

?atural de Vigo, pero oriunda de la parroquia soberina de Gundivós, Ana Diéguez presentó ayer en la sede de la Diputación su libro E l retablo durante los siglos XVII y XVIII en el arciprestazgo de Monforte , que refleja un largo trabajo de investigación realizado para elaborar una tesis de licenciatura. -En lo que respecta al arte de la Edad Moderna, Monforte y su comarca tienen un patrimonio muy valioso y muy poco estudiado. Hay que recordar que hace unos siglos ésta fue una de las zonas más pobladas de Galicia y que aquí había una importante fuerza económica. En Monforte trabajó un artista tan importante como Francisco de Moure y durante mucho tiempo hubo talleres de imágenes y retablos que asimilaron las propuestas estéticas de los grandes núcleos artísticos. Los historiadores del arte empiezan a estudiar zonas periféricas como ésta y descubren cosas interesantísimas. -¿El arte de Moure tuvo mucho influjo en la zona? -Pues no, y eso es algo que me sorprendió mucho. Moure era un gran escultor, pero seguía unas propuestas manieristas que en la segunda mitad del siglo XVII ya empezaban a estar pasadas de moda. Los artistas que trabajaron en Monforte después de él estuvieron más influidos por otras tendencias, plenamente barrocas, venidas principalmente de los talleres de Santiago y también de Castilla, como las columnas salomónicas que vemos en muchos retablos. -¿Qué otros artistas hubo en Monforte en esa época? -En el último cuarto del siglo XVII tuvo mucha importancia un escultor llamado Ángel González, un personaje casi desconocido sobre el que encontré mucha documentación. Era un artista muy reputado que hizo el retablo mayor de la desaparecida iglesia de A Régoa y trabajó para muchas otras parroquias. Se encargaba no sólo de esculpir, sino también de pintar y dorar las imágenes. Por desgracia, la mayor parte de sus creaciones se han perdido. Sólo he llegado a identificar un retablo como obra suya, que se conserva en la iglesia de San Fiz de Vilamarín. Pero hubo también otros muchos artistas, algunos de ellos de una calidad muy notable. En total, registré en esta zona la existencia de 108 retablos realizados en esa época, de los que se conservan unos sesenta. -¿Piensa seguir investigando en este terreno? -Por ahora no, porque me he establecido en Madrid y trabajo en otras cosas. Pero en esta comarca hay material suficiente para investigar durante varias vidas. Hay muchos datos que conseguí para mi tesis de licenciatura que no pude incluir en el libro por falta de espacio y que ahora divulgaré mediante artículos en revistas especializadas.