Crónica | Los despistes de los políticos en el pleno de Sarria Las visitas a los lavabos y los deslices verbales fueron lo único entretenido en una sesión soporífera que se prolongó durante más de tres horas y media
29 nov 2003 . Actualizado a las 06:00 h.Celebrar plenos cada dos meses supone que los políticos no estén bien entrenados cuando llega el momento de entrar en el debate y cometan deslices que no son habituales. Si, además, la sesión dura casi cuatro horas las posibilidades de equivocarse son mayores. Las cosas ya comenzaban mal en Sarria con el retraso, obligado por culpa del atasco por obras en O Mazadoiro, del secretario general del PSOE Miguel Ángel Fernández. Por fortuna se perdió poco más que el primer punto del orden del día. El alcalde a punto estuvo de quedarse traspuesto en la primera intervención maratoniana de Garrido y tardó varios segundos en darse cuenta que el portavoz socialista había finalizado su intervención para dar paso al siguiente orador. El primer gazapo de la mañana corría a cargo de Fernando Carlos Rodríguez, que después de citar en perfecto castellano siete comunidades autónomas se le escapó un sonoro «A Rioxa». La lección de historia parlamentaria corrió a cargo Garrido y Fernando Carlos, que recordaron los debates entre Aznar y González de la década de los noventa ante el estupor de los asistentes. El público tampoco perdió su oportunidad de intervenir y así el primer grito fue un sonoro «abusivos» dedicado a los impuestos, antes de comenzar a interrumpir al portavoz del PP en varias de sus intervenciones. Fernando Carlos Rodríguez estuvo muy vivo en el debate, pero tanto intervenir hizo que cometiera algunos lapsus linguae y así no dudó en aludir al grupo de gobierno como «el gobierno del PP» o en afirmar que «hoy, día 27». Cuando el debate ya estaba adquiriendo rango de nana y el que más y el que menos entornaban los ojos, fue de agradecer que sonara el teléfono móvil de Manuel Flores, y aún más que el concejal del PP tardara unos segundos en apagarlo. La vejiga también apretaba después de tantas horas encerradas y fueron pocos los concejales que evitaron hacer la pertinente visita a los lavabos, aunque hay que reconocer que entre el público también pocos quedaron sin visitar los excusados. La sesión era tan larga que el alcalde decidió agilizarla y se saltó el punto diez del orden del día, menos mal que Sabela y el secretario estaban al quite y le informaron de su error. El único consuelo, sobre todo para los sufridos periodistas, es que hasta dentro de dos meses no hay una nueva sesión.