LA TRIBUNA MARÍA ELENA HERMIDA | O |
08 sep 2003 . Actualizado a las 07:00 h.DE VUELTA ya a los madriles, me veo en la necesidad de escribir estas líneas, como cada año, sobre las impresiones que me ha dejado otra estancia estival en tierras de Lemos. Tierras que me han visto nacer y que amo, como más de una vez he declarado en las páginas de este periódico que dio luz y vida durante décadas a la pluma de mi padre, Manuel Hermida Balado, cronista de la villa durante diez lustros. Esta vez me ha cabido la honra de hospedarme unos días en el parador de turismo, por el que también mi padre luchó. Y debo mostrar mi orgullo y agradecimiento a todos los autores de tan ingente obra, desde el presidente de la Xunta hasta el último operario de cuyas manos han salido el arte y el ingenio. Todos esperamos que el Parador sea fuente de riqueza y prestigio para la comarca, que alberga rutas salpicadas de valiosísimos monasterios, pazos suntuosos y tranquilos, casas rurales siempre acogedoras o hermosísimos bancales de uva tierna. Pero mantengamos también acogedor el pueblo, aseado, deseable. Que los turistas del Parador encuentren limpia la ciudad. Yo sugeriría al señor alcalde, con todo respeto, que no dejara esta preeminente labor en el tintero. Es joven, está comenzando la inmesia labor de conducir un pueblo y, sin duda, se le han acumulado demasiadas cosas que atender. Pero confiamos en su entusiasmo y destreza para que Monforte brille como se merece.