LA TRIBUNA | O |
23 ago 2003 . Actualizado a las 07:00 h.CUANDO TODAVÍA estamos enfrascados en celebraciones lúdicas, y expectantes para las organizadas por las asociaciones Peleriños, Donicela y Meigas e Trasgos, los grupos políticos afilan sus armas, calientan los motores de sus artilugios , y nos anuncian ya el aperitivo de un mes de septiembre que a buen seguro será la antesala de un otoño caliente. Eso sí, al menos parece que la refriega que se avecina será una incruenta batalla en la que se dejarán al margen métodos puestos en práctica en época reciente y que han supuesto un desolador efecto bumerán. Cualquier cuestión puede ser objeto de planteamiento político, respetando siempre unos principios tan esenciales como los de la educación y el respeto, y dando por sentado que la crítica y los reproches han de ser recíprocos. Así, ha salido ya a la palestra el PSOE y ha planteado la cuestión del importe que perciben los tres mosqueteros por la dirección y gestión de la vida política municipal. Y aquí cabe recordar aquellos episodios en los que Garrido -quien demostró ser no sólo un lince de la política sinó el más listo de los 17 anteriores corporativos- se paseaba por las televisiones locales portando su nómina en el bolsillo de la chaqueta para aprovechar la coyuntura que en bandeja le servía el líder del PP, y mostrar públicamente como sus percepciones no eran lo que la oposición manifestaba. Ahora que la tortilla ha dado la vuelta, resulta que el PP ha de defender los importes de los emolumentos mientras que el PSOE habrá de atacarlos por considerarlos excesivos. Es decir, donde dije digo digo Diego. Y no se crea el lector que es el mundo al revés, es pura y sencillamente que la política es así. Vamos, que no es lo mismo gobernar que estar en la oposición, y que lo que hoy es blanco mañana puede ser negro.