Se acabó lo que se daba

MARTA GONZÁLEZ

LEMOS

LA TRIBUNA | O |

19 ago 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

CUáNTO ajetreo. Llegan los primos de Barcelona (o los de Madrid o A Coruña en su defecto), las charangas y orquestas invaden el silencio de cualquier punto de la ciudad y las noches acaban antes de que nos demos cuenta de que han empezado. Comilonas, música, o ruido según el momento y el lugar, y gente, sobre todo mucha gente. Pero parece que todo vuelve a la normalidad. Menos mal que son sólo cinco días, suspiramos algunos. SÍ, cinco días, porque en los trescientos sesenta restantes que tiene el año la gente, la música y el movimiento brillan por su ausencia. Se apagan las luces de colores, se callan los cantantes del verano y los primos regresan a Barcelona. Y aquí, tres días después de la gran avalancha, los que nos quejábamos de no encontrar mesa libre en los bares y maldecíamos el andar por las calles sin oír irremediablemente la conversación del de al lado pedimos ahora que Monforte no se acabe con las fiestas, que todos los extremos son malos y aunque ya no están los turistas, aún queda gente que también quiere actividades lúdicas y culturales, porque no todo es juerga y cachondeo, los once meses restantes.