Reportaje | La historia de una talla envuelta en misterio Los expertos no se ponen de acuerdo sobre la personalidad que representa la escultura gótica hallada en Monforte en 1932 cuya devolución se reclama al Museo de Lugo
09 jul 2003 . Actualizado a las 07:00 h.La talla yacente catalogada como «abad mitrado» por el Museo Provincial de Lugo, donde se expone tras su cesión en 1932 por parte del Concello de Monforte, ha suscitado el interés de numerosos especialistas. Sin embargo, nadie se atreve a establecer con certeza a quién representa realmente esta pieza gótica de autor desconocido, cuya devolución se reclama ahora. Ni siquiera se ha podido dilucidar con exactitud si se trata del abad de San Vicente relacionado con la leyenda de la corona de fuego o de un obispo hermano del primer conde de Lemos. Lo único claro es que hay un acuerdo plenario que garantiza la restitución de la escultura a Monforte. El Catálogo de Escultura del Museo Provincial de Lugo editado en 1976 detalla que se trata de una talla de mármol de O Incio, de 2,40 metros de largo por 0,80 de ancho, en la que el supuesto abad sostiene un báculo donde se distingue la imagen de la Virgen de Montserrat, patrona de Monforte. Sobre la personalidad del abad sugiere que podría ser Andrés García, «muerto alevosamente, cuya memoria se quiso reivindicar dedicándole este monumento». Esta referencia parece vincular la pieza con la famosa leyenda local de la corona de fuego, aunque el protagonismo de este supuesto suceso histórico -nunca documentado- se atribuye a un abad apellidado Pardo, y no García. Corona de fuego Fray Andrés Pardo, abad de San Vicente de 1509 a 1512, habría sido coronado por los condes de Lemos con una mitra al rojo vivo que le causó la muerte, en venganza por su negativa a ceder a los nobles sus derechos sobre Doade. En su obra La escultura funeraria en Galicia , Manuel Chamoso Lamas da por sentado que éste es el religioso que representa la pieza que sería objeto de devoción en la antigua iglesia de Santa María da Régoa, destruida en 1840. Chamoso Lamas destaca el valor histórico y artístico de esta pieza, que apareció enterrada en 1932 como consecuencia de unas reformas realizadas en la plaza de la República, actual plaza de España, donde se levantaba la primitiva iglesia de A Régoa. De la documentación recopilada por el estudioso local Felipe Aira, se desprende que el sepulcro del abad fue desmontado a finales del siglo XVIII, siendo párroco de A Régoa Manuel Viana. El argumento era que ocupaba demasiado espacio en la capilla mayor y estorbaba a los fieles. En realidad, se trataba de ganar sitio para nuevos enterramientos de personas influyentes, costumbre que suponía importantes ingresos económicos a la parroquia. En 1796, el obispo de Lugo dio visto bueno a la retirada del sepulcro en una visita a Monforte, según el libro de fábrica transcrito por David Gil, hasta hace unos años párroco de A Régoa. A partir de entonces permaneció enterrado, hasta su descubrimiento, casi dos siglos después. Según una tesis de este párroco, el personaje que representa la talla expuesta en Lugo podría ser el obispo Alonso Enríquez de Lemos, hermano del primer conde de Lemos. Gil no considera lógico que un abad de San Vicente fuese enterrado en A Régoa. Señala asimismo que en la talla no hay referencias a la orden de San Benito, pero sí se distingue el escudo de los Arjona, linaje ligado a la Casa de Lemos. César Carnero, actual párroco de San Vicente y coparróco de A Régoa, discrepa de esta interpretación y se inclina por la hipótesis de Chamoso Lamas. Según señala, hasta finales del siglo XVII A Régoa dependió del monasterio de San Vicente, por lo que no sería extraña la presencia de la tumba de un abad en la iglesia. Subraya asimismo la presencia de la imagen de la Virgen de Montserrat en el báculo que sujeta la imagen. Santo milagroso La talla, que originalmente pendía a varios pies de altura sobre cuatro figuras animales, suscitó una gran devoción en Monforte, como recoge el que fuera cronista de la ciudad Luis Moure Mariño. Los fieles consideraban que representaba a un santo milagroso y hay testimonios históricos de que era costumbre pasar por debajo del sepulcro. También existía la tradición de frotar la cabeza del mártir, lo que podría haber motivado el desgaste que se aprecia actualmente en esta parte de la pieza. Tras su recuperación en 1932, el sepulcro del abad se guardó varios meses en el patio del antiguo consistorio, hasta que el pleno decidió depositarlo en Lugo para evitar su deterioro. El acta del pleno, celebrado el 31 de julio de ese año, recoge una intervención del concejal Juan Tizón que hoy adquiere toda su trascendencia. A petición suya, el documento -archivado en el consistorio- precisa que la talla se entregó «sin que eso implique la renuncia a la misma por parte del Ayuntamiento, que podrá reclamarla el día que sea organizado un museo en esta ciudad».