Reportaje | Una día de pesca muy especial en O Courel El pintor monfortino Arturo Ceide capturó el domingo una trucha de algo más de un kilo y otra que pesó dos kilos y doscientos gramos en el tramo libre del río Lor
07 jul 2003 . Actualizado a las 07:00 h.El Lor acredita cada año su leyenda de río caprichoso. Lo era hace treinta años, cuando aún se podía llenar el cesto en una hora propicia sin necesidad de moverse del pozo de Rendar. Y sigue siéndolo ahora que hace falta patear kilómetros de tortuosa ribera para coger media docena de truchas con mucha suerte y no menos maña. Aguas arriba de A Labrada, en la antesala de la sierra de O Courel, sólo el que resiste gana. Al pintor monfortino Arturo Ceide, conocido por su destreza con la caña, la fortuna le sonrió el pasado domingo. Ceide tuvo sólo tres picadas en toda la jornada, pero valieron la pena. La primera fue a las nueve de la mañana, hora y media después de llegar al río, y le valió una pieza de algo más de un kilo. Luego, un fugaz tirón de otra trucha de gran tamaño que se libró el anzuelo a tiempo. A las cinco de la tarde notó en la punta de la caña el que sería último toque de la jornada. Poco antes de las seis, había conseguido sacar a la orilla un precioso ejemplar de dos kilos y doscientos gramos. «A mi maestro en la pesca al cebo natural, José González, le oí decir muchas veces que en el Lor hay un día en la temporada en el que sólo se mueve la trucha grande. A él se lo contaba Evaristo de Froxán, un ribereño que conocía el río como la palma de la mano», explica Ceide mientras enseña los lomos asalmonados de sus espectaculares capturas. Los dos magníficos ejemplares, que pescó utilizando la miñoca como cebo, en el tramo libre que va de la desembocadura del arroyo Loureiro al puente de Froxán, eran ayer el único tema de conversación en Monforte en los habituales corrillos de cañistas. En el Lor, al que la mayoría de los aficionados le dieron la espalda hace meses, cansados de porfiar sin éxito, estas jornadas no son ni mucho menos frecuentes. José González, maestro de Ceide en estas lides y propietario de la tienda de artículos de pesca Xoma , sabe lo que es sacar alguna que otra pieza de kilo de las veleidosas aguas del Lor. Pero dos ejemplares en un solo día que sumen más de tres kilos no está al alcance de cualquiera, y menos en los tiempos que corren. En un río de aguas extraordinariamente cristalinas, que acribillan con sus reclamos miles de aficionados los primeros meses de cada temporada, no es fácil engatusar truchas veteranas. Tampoco resulta sencillo sacar a la orilla piezas de este tamaño, acostumbradas a bregar contra una corriente brava hasta en los meses de estiaje. «La caña de cebo natural es muy larga y en esas condiciones no puedes sacar la trucha. Hay que ir recogiendo los tramos más anchos -con mucho cuidado de tener siempre el sedal tenso- para poder acercarla a la sacadera», detalla el pescador. Ceide es uno de los pocos habituales que quedan en las riberas de Courel a estas alturas de verano. Cuando el río no está de quiero, regresa al coche, coge los bártulos y se pone a pintar. «Al Lor hay que entenderlo», resume.