Crónica | El conflicto en torno a un servicio turístico de Monforte se endurece Funcionarios del organismo provincial volvieron a intentar ayer forzar el desalojo de los gestores del establecimiento, pero su propósito quedó otra vez frustrado
01 jul 2003 . Actualizado a las 07:00 h.?l mediodía de ayer no había turistas en el club náutico de Doade. De ser así, habrían sido testigos de una insólita escena que se desarrolló junto al embarcadero de los catamaranes. Un grupo de funcionarios de la Diputación estaban en esos momentos intentando forzar con un taladro las puertas del almacén del edificio. El actual gestor del club náutico, Javier Rodríguez, se lo impedía tapando las cerraduras con su cuerpo. Varios agentes de la Guardia Civil, que se personaron en Doade a requerimiento de la Diputación, observaban los hechos sin apenas intervenir, pero dispuestos a hacerlo si la cosa se pusiese violenta. En medio de la tensa situación, el funcionario que empuñaba el taladro llamó a gritos la atención de los guardias civiles, asegurándoles que el gestor del club le había agredido. Los agentes le respondieron que, según veían ellos, Javier Rodríguez no estaba agrediéndole, sino tan sólo impidiéndole de forma pacífica que llevase a cabo su propósito de forzar las puertas. «No mienta, hombre, no mienta», llegó a espetarle uno de los guardias civiles al funcionario. Unos minutos antes, los funcionarios habían conseguido forzar la puerta de la cafetería del club, en la parte superior del edificio. Javier Rodríguez no pudo impedírselo, ya que se había alejado momentáneamente del lugar -donde no hay cobertura de telefonía móvil- para avisar a su abogado, tras haber visto llegar al personal de la Diputación. Su mujer, Montserrat Leira, que sí estaba en la cafetería, dice que los funcionarios metieron el taladro en la cerradura sin presentarle ninguna orden judicial y sin querer esperar a que llegase el abogado. Interrupción Sin embargo, al igual que en su primer intento, realizado el pasado viernes, tampoco ayer lograron los representantes del organismo provincial cambiar las cerraduras del club náutico y obligar a los actuales gestores a abandonarlo. Tras la infructuosa batalla librada en las puertas del almacén, los funcionarios soltaron bruscamente sus instrumentos. Algunos de ellos se subieron a sus coches y se ausentaron durante un rato del club náutico, mientras otros optaron por permanecer en el lugar. Entretanto, llegó el abogado de los gestores y empezó a recabar testimonios sobre los hechos que acababan de suceder. El último acto del suceso se desarrolló con relativa tranquilidad, aunque el letrado de Rodríguez y Leira mantuvo alguna que otra discusión con los funcionarios del organismo provincial mientras éstos recogían sus instrumentos y se disponían a marcharse. La Guardia Civil levantó un atestado de los hechos y el lugar se vació con rapidez, mientras algunos amigos del matrimonio y vecinos de la zona se acercaban al club. Tras esta nueva experiencia, Javier Rodríguez cree que la Diputación volverá a intentar desalojarlo del club náutico en cualquier momento y piensa incluso quedarse a dormir en el local por lo que pueda pasar. «No me voy a mover de aquí hasta que esto se arregle del todo», afirma. Otra de sus preocupaciones es arreglar la cerradura de la puerta de la cafetería, inutilizada tras la incursión de los funcionarios. «Si no encontramos la forma de cerrar la puerta tal como ha quedado, tendremos que cambiar la cerradura, porque está claro que la cafetería no puede quedar abierta», dice Montserrat Leira.