Jugadores, cuerpo técnico y directivos cumplieron con el ritual habitual de darse un baño en la fuente de La Compañía
20 may 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Era inevitable que el fin de fiesta fuera en la fuente de La Compañía. Una vez concluído el partido la expedición lemista se dirigió a Monforte y la primera parada fue en ese lugar. Allí todos cumplieron con el baño ya ritual, algunos se mojaron más que otros, a excepción del presidente, cuyas disculpas fueron aceptadas por los jugadores ante el riesgo de sufrir una multa por parte del máximo mandatario. Al terminar el baño se celebró la cena oficial en el Restaurante Polar, no se puede decir que de gala, ya que después del remojón cada uno se vistió con la ropa que tenía más a mano, por lo que más de un equipo de fútbol los lemistas parecían un grupo de turistas playeros asaltando una paella. Una vez concluída la opípara cena el destino fueron los bares de copas de la ciudad en los que ya cada uno aguantó hasta la hora que el cuerpo le ordenó parar. La verdad es que hay que reconocer que hasta en eso todos los componentes de la familia lemista dieron muestras de un buen entrenamiento y aguantaron hasta altas horas. La ocasión lo merecía y pocas veces se celebran cosas tan importantes como el logro que alcanzó el Lemos en la tarde del pasado domingo. El día después ya fue otro cantar y el que más y el que menos acusaron los excesos de la noche anterior, pero todo había valido la pena y, además, el míster no puso entrenamiento para que todos, incluido él, pudieran recuperarse para estar ya en forma el próximo domingo, ya que la liga continúa seis partidos más en los que hay que rendir al máximo.