Disposiciones municipales, sentido común y elecciones

La Voz

LEMOS

ENRIQUE G. SOUTO EL PULSO DE LA CIUDAD El debate de la ordenanza reguladora de las antenas retrasará su aplicación, de eficacia cuestionable

12 feb 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

¿E caerán? Quizá sí, quizá no. Lo mismo que no suelen caerse las casas pese a la ley de la gravedad y al constructor chapucero, las antenas de telefonía móvil resistirán, probablemente, el empuje del viento, los sismos y la oxidación. Pero si resisten -probablemente, claro- no será mérito del control municipal sobre el montaje de las torretas, o eso dice el PP por boca de su muy esforzado edil Sven Gunther, después de echarle un ojo al borrador de la ordenanza que las regulará. Gunther quiere que se constituya una comisión para debatir la nueva ordenanza. Las comisiones, ya se sabe, son esas reuniones de gente con escaso interés por ponerse de acuerdo. También suelen ser las comisiones un eficaz sistema de prolongar hasta el infinito lo que el sentido común recomienda cerrar de inmediato. El esforzado edil Sven Gunther quiere una comisión, como antes querían comisiones municipales los que ahora gobiernan. -¿Y la ordenanza? La ordenanza que regulará las antenas, pues así como la ordenanza de medio ambiente. Mucho papel y muy poca eficacia. Lo que no regulan la legislación estatal, la autonómica, los planes de urbanismo y las ya múltiples y varias disposiciones municipales no lo regulan ordenanzas nacidas de mil presiones y aplicadas con la vista puesta en la próxima cita electoral. La autonomía municipal, más que limitar con el campo de las competencias estatales y autonómicas, limita con las necesidades de votos y simpatías. La torreta telefónica pone nerviosos a los votantes y el Ayuntamiento prepara, como quien prepara una tila, una ordenanza. La tila, si no calma los nervios, al menos no sienta mal; la ordenanza, lo mismo: servirá para que se constituya una nueva comisión y para que los comisionados salgan en los papeles. -¿Habrá conclusiones? Claro. En resumen: reunidos los de siempre alcanzaron las conclusiones habituales.