Alrededor de treinta niños tomaron parte en la primera edición del campus de baloncesto que se celebró en Chantada Los cerca de treinta niños que tomaron parte en la primera edición del campus de baloncesto organizado por el CB Chantada Galp Breogán tardarán en olvidar las experiencias que vivieron durante cinco días. El baloncesto, aunque todos aprendieron muchas cosas de este deporte, era únicamente una disculpa para hacer nuevas amistades y compartir experiencias entre un grupo de jóvenes que no se conocían y ahora son amigos inseparables. Lo único triste de los cinco días que duró el campus fue el momento de la despedida, pero todos están ya esperando que llegue el próximo año para repetir la experiencia.
18 ago 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Los directivos del Club Baloncesto Chantada Galp Breogán debutaban en lo que a organizar un campus se refiere y lo cierto es que se puede decir que parecían unos veteranos avezados, ya que durante los cinco días que duró el curso no falló nada. Los cerca de treinta niños que acudieron al campus pudieron disfrutar con las enseñanzas de profesionales tan reconocidos en el mundo de la canasta como el entrenador de la selección nacional de promesas y del Breogán femenino, Juan Corral, el preparador físico del conjunto de ACB, Chete Pazos, o la entrenadora lucense Ana Merino, así como el técnico del CB Chantada, Alberto Fafián. Los técnicos iniciaron a los jóvenes asistentes en varios de los entresijos del deporte de la canasta, tratando que sus enseñanzas fueran lo más prácticas y entretenidas posible, algo que consiguieron con creces, ya que los niños disfrutaron al máximo. Diversión De todas maneras, a pesar de que todos los participantes son unos apasionados del mundo del baloncesto, los mayores momento de diversión llegaron de la mano de los técnicos de actividades deportivas y de tiempo libre del Concello, que programaron una serie de actividades, entre las que no faltaron las habituales visitas a la piscina, en la que los chavales disfrutaron al máximo. Lo único negativo fue la hora de la despedida. El intercambio de direcciones y de números de teléfonos móviles entre todos los asistentes fue constante y seguro que en el invierno sube un poco tanto la factura telefónica como el gasto en sellos, pero es sin duda una consecuencia sin demasiada importancia. La verdad es que fueron únicamente cinco días en los que los treinta niños compartieron experiencias comunes, pero todos ellos las vivieron de una manera tan intensa que seguro que los recordarán durante el tiempo que tarden en volver a reunirse para vivir algo similar. En Chantada, visto el éxito del campus, ya están pensando en la próxima edición.