La huida obligada de cada fin de semana

MONFORTE MONFORTE

LEMOS

ALBERTO LÓPEZ

Muchos vecinos de la calle Duquesa de Alba salen de Monforte los días libres para evitar los ruidos de la «movida» nocturna Duquesa de Alba se ha convertido en una calle maldita desde el punto de vista inmobiliario. Las viviendas se han ido devaluando y ni siquiera los precios de saldo convencen a los emigrantes retornados que buscan piso. Cada vez hay menos vecinos y los pocos que aguantan inician cada fin de semana una huida obligada. Buscan fuera de Monforte el descanso que les niega la movida nocturna. Más que por las normas contra la contaminación acústica, están preocupados por marchar pronto a otro sitio.

25 oct 2000 . Actualizado a las 07:00 h.

Puente de la festividad del Pilar. Faltan apenas un par de horas para que amanezca y en la última planta de uno de los bloques de viviendas de la calle Duquesa de Alba todavía resuena el eco de una canción de moda. En uno de los pubs se resisten a terminar la farra. «Nos sabemos las letras de memoria, pero peor están los del primero», explican los dueños de un quinto piso. No han pegado ojo en toda la noche. Ese fin de semana no pudieron huir a la aldea como hacen siempre. Sabían lo que les quedaba. Nadie quiere comprar un piso en Duquesa de Alba. En las inmobiliarias tratan de convencer a los emigrantes retornados de las «ventajas» de adquirir vivienda en esta calle para un jubilado que no debe atenerse a la esclavitud del despertador. El ruido sólo molesta los sábados por la noche, la movida va a menos y en ninguan zona de la ciudad se encuentra una relación precio calidad igual. Pero ni por esas. En algunos portales de Duquesa de Alba el número de propietarios residentes se ha reducido casi a la mitad y el éxodo de los fines de semana es generalizado. «Si tienes niños no puedes pasar una noche en estas condiciones», explica un matrimonio que ha optado por arreglar una casa en los alrededores de Monforte para poder descansar sábado y domingo. Otros recurren a la casa paterna. Casi todos aspiran a marcharse a vivir a otra calle dentro de poco. No es para menos. Los vecinos de las primeras plantas afirman que las vibraciones hacen saltar la tapa de los inodoros y en los quintos atestiguan que las pantallas de las lámparas vibran al son de los ritmos dance. La solución para los sufridores de turno sería comprar en otro barrio de la ciudad, pero asumiendo que su actual propiedad «perdió todo el valor hace años». Muchos de los locales de moda no hace tanto han puesto el cartel de se traspasa. Los vecinos dicen que la calle ya no es lo que era. «Ahora sólo ves quinceañeros», se escucha decir a los propietarios. El sábado volverá el ambiente a una calle anodina por la semana. Y tocará marchar para la aldea.