Una misteriosa desaparición divina

Pablo Carballo
PABLO CARBALLO CHANTADA

LEMOS

Los vecinos de Soilán mantienen que la imagen de la Virgen de Pesqueiras no se perdió en el incendio de hace un año, sino que fue robada Un año después del incendio que destruyó la capilla de Soilán, en la parroquia chantadina de Pesqueiras, el asunto mantiene todavía interrogantes propios de una novela de suspense. En aquella madrugada del 28 de agosto de 1999 desapareció en medio del fuego, con el resto de adornos del templo, una valiosa imagen románica de la Virgen de Pesqueiras, datada en el siglo XIII. Pasado este tiempo, los vecinos se resisten a asumir la tesis «oficial», según la cual la talla quedó carbonizada por las llamas. Ellos creen que alguien la robó y quemó después la capilla, seguramente por aquello de borrar huellas. Mantienen la esperanza de que la imagen sea hallada algún día. Si ocurre, de verdad se les habrá aparecido la Virgen.

20 sep 2000 . Actualizado a las 07:00 h.

Probablemente, nadie podría en duda que la talla quedó destruida por el fuego si no fuese por un detalle que parece revelarse como la clave del misterioso suceso: durante los días siguientes al incendio, los feligreses de la parroquia buscaron entre los escombros de la capilla los restos de la ornamentación religiosa. Las piezas metálicas de las figuras, que por razones lógicas habían resistido el efecto del fuego, aparecieron entre las cenizas y los cascotes. Todas, excepto una sujección de la talla de la Virgen de Pesqueiras que servía para colocar una corona sobre su cabeza. Se buscó y se rebuscó, pero nunca apareció. «Tenemos la seguridad plena de que la talla fue robada», afirma con rotundidad el cura párroco de Pesqueiras, Benjamín Fernández Montesinos. Según su hipótesis, y la de un buen número de vecinos del pueblo, alguien conocía bien el valor de esta imagen del siglo XIII: se la llevó, dejando los otros adornos en su sitio, y quemó la capilla «para borrar todas las pruebas». Argumentos A tales alturas, el asunto adquiere aires novelescos, pero la argumentación del sacerdote no carece de lógica. «Aquella noche _recuerda_ yo celebré una misa en la capilla, y después todo quedó como siempre. Es imposible que el fuego de unas pocas velas destruyese la capilla entera, de arriba a abajo. Allí tuvo que estar alguien y echar alguna sustancia para que todo ardiera», insiste. El cura de Pesqueiras predica con el ejemplo en cuestiones de fe: «Tenemos la esperanza de que la imagen acabará por aparecer», dice, en nombre de los devotos de su parroquia. Y añade, irónico: «No sabemos cuándo ni dónde, tal vez en Berlín, en Buenos Aires o en Cuba, pero aparecerá».