Hacia la cumbre del Pía Paxaro

C.R. / F.A MONFORTE

LEMOS

CARLOS RUEDA

La vieja ruta de A Seara a Vilarbacú ofrece algunas de las vistas más espectaculares de la sierra de O Courel Hace unos cinco años se acondicionó una nueva pista en el viejo camino que lleva desde A Seara a Vilarbacú, en el municipio de Quiroga. Este camino, accesible para los caminantes y los vehículos todo terreno, pemite disfrutar de algunos de los panoramas más espectaculares de la sierra de O Courel. El itinerario pasa por terrenos especialmente ricos en flora y fauna, como los bosques de Campa do Corzo y Devesa do Val, y termina en el singular paraje de las las antiguas minas de antimonio de Vilarbacú.

04 sep 2000 . Actualizado a las 07:00 h.

En tiempos recientes se acondicionó una pista de tierra abierta hace cinco años sobre el antiguo camino que llevaba desde A Seara a Vilarbacú. Dicho sendero era la única vía de comunicación con este pueblo y quedó cerrado a causa del cada vez más escaso tránsito que se registraba en la zona y la consiguiente invasión de la maleza. Pero el temor a los incendios y las dificultades del acceso a esta zona hicieron que se abriese la nueva pista. En la actualidad, este camino se halla en estado transitable para los senderistas y los vehículos todo terreno. También es aprovechado por los cazadores de A Seara, atraídos por los numerosos jabalíes y corzos que campan por esta zona. El comienzo de la pista está situado a la misma altura por la que se accede al Alto da Golada y al mirador de Montouto, a unos quinientos metros de A Seara, en la carretera que conduce de Soldón a Ferramulín. El desvío se encuentra a la izquierda de dicha carretera. A los pocos metros, la pista se ramifica. La de la izquierda lleva a una cantera de pizarra abandonada que ha destrozado la estética natural del lugar. El desvío de la derecha conduce hasta el lugar llamado Campa do Corzo, tras un kilómetro de subida bastante pronunciada. En la Campa do Corzo hay un pequeño bosque de abedules, robles y acebos que resistió el incendio que afectó al lugar hace algunos años. Su nombre se debe al gran número de corzos que viven en la zona. La presencia de estos animales se percibe en las marcas que dejan con sus cuernos en las cortezas de los árboles y en los tallos más tiernos de las silvas, que suelen comer con fruición.