La vida nómada de los barraquistas conlleva la preocupación constante por servicios tan elementales como el agua y la luz Las fiestas de Monforte ya han terminado y con ellas se van las luces, la música y los barraquistas. Los feriantes dejan la ciudad, pero para ellos la fiesta continúa. En pueblos y ciudades, la llegada de las patronales se espera siempre con ansiedad. ¿Qué sería de las fiestas, de éste o de cualquier otro lugar, sin las atracciones? Las barracas son un elemento fundamental, tal vez el más característico, para el disfrute de las fiestas. Distraen a niños y jóvenes y ayudan a los padres a «descansar» de sus hijos. Todo el mundo conoce la parte iluminada de las atracciones. Pero, ¿sabemos cómo es la vida detrás de las luces?
17 ago 2000 . Actualizado a las 07:00 h.Este año hubo en Monforte unos cien «chiringuitos» y barracas: desde los tradicionales coches de choque hasta el moderno barco pirata, que a los asientos de toda la vida suma unas jaulas donde se pueden encerrar los más atrevidos. Detrás de cada atracción de feria hay una familia que se gana la vida de sitio en sitio. Entre los problemas que genera este tipo de vida hay cosas tan esenciales como el agua y la luz, que para ellos se convierten en auténticos quebraderos de cabeza. De hecho, el suministro de energía es una preocupación constante para los barraquistas que precisan gran potencia para sus máquinas. En cuanto al agua, normalmente las roulottes llevan depósitos de agua propios, pero los feriantes tienen que buscar sus propias conexiones a las canalizaciones. Rutas fijas La mayoría de estos nómadas tienen rutas fijas que siguen cada año, pero siempre están dispuestos a visitar lugares nuevos. Casi todos se mueven en zonas concretas, en este caso, Galicia y alrededores. Aunque hay ferias durante todo el año, la época en que más trabajan es desde Semana Santa hasta octubre. Son pocos los barraquistas que están todo el año en la carretera, porque implica moverse por toda la península y difícilmente resulta rentable.