Emma Trilles, psicóloga: «Cuando hay niños es cuando más infidelidades hay»
SALUD MENTAL
La experta asegura que cuando se descubre una infidelidad, la relación inevitablemente se fractura; en caso de decidir seguir juntos, será necesario reconstruirla desde cero
15 mar 2026 . Actualizado a las 11:29 h.La infidelidad es una de las crisis más profundas y estructurales que puede atravesar una pareja. Pero lejos de ser un hecho aislado, con frecuencia ocurre como síntoma o desenlace de una insatisfacción subyacente que los miembros de la relación no han podido gestionar de otra forma. La psicóloga Emma Trilles, con más de una década de experiencia clínica, conoce esta realidad de manera íntima. Su consulta ha sido el espacio en el que sus pacientes han aprendido a lidiar con estas situaciones para seguir adelante. En su nuevo libro, Antídoto contra la infidelidad (Plataforma editorial, 2026), explora las múltiples formas de engaño, desde el emocional hasta el contacto físico, con una mirada honesta y compasiva.
—En el libro explica que la infidelidad suele surgir de una necesidad emocional. ¿A qué se refiere?
—La diferencia entre necesidad y deseo es importante tanto a nivel sentimental como a cualquier otro nivel. Si deseas algo, lo deseas desde la tranquilidad. Pero cuando tú necesitas algo, lo deseas desde la ansiedad y la impaciencia. Cuando necesitas algo, no piensas, la parte más racional del cerebro se apaga y actúas. Cuando tenemos una necesidad no cubierta en nuestra relación, la vista se puede nublar y podemos hacer cosas sin mucha lógica. Cuando nos damos cuenta, ya es tarde. Es muy importante entender en qué punto estamos, si en el deseo o en la necesidad.
—¿Qué tipo de necesidades llevan a una persona a ser infiel?
—Las infidelidades se producen por tres tipos de insatisfacción principales. La primera es la insatisfacción con uno mismo. Una vida donde no has conseguido tus objetivos, una falta de refuerzo o de motivación. Luego, puede haber también una insatisfacción con tu pareja. A lo mejor tiene un carácter que no te gusta o no es cariñoso. En las relaciones a largo plazo, también puede suceder que la vida en pareja se vuelva muy rutinaria. Muchas personas llegan diciendo: «Me encanta mi pareja, me encanta cómo es su carácter y su físico, pero es que todos nuestros días son iguales». Esto muchas veces ocasiona que haya una infidelidad. Por eso es muy importante tener un día al mes para sentarnos y hablar de cómo estamos, de si hay algo que nos haya faltado o alguna necesidad no cubierta.
—¿Qué se considera una infidelidad en una era en la que aparece cada vez más el flirteo en redes sociales o incluso el uso de inteligencia artificial para suplir algunas de esas necesidades no cubiertas?
—Yo creo que tal y como están avanzando las cosas, necesitaríamos más términos para hablar de la falta de respeto a tu pareja. Porque ahora hay muchas microinfidelidades. Entre ellas, quedar a tomar un café con alguien y no contarlo, tener amigos con los que hay atracción o química y mantenerlos cerca «por si acaso». Luego, están todas las infidelidades emocionales. Cuando tienes un problema y vas a contárselo a esa otra persona antes que a tu pareja, por ejemplo. También están las infidelidades con intimidad sexual, las infidelidades por venganza o para conseguir algo, el hecho de tener relaciones íntimas con una persona porque laboralmente eso me va a ayudar. Lo adecuado sería que las parejas, cuando empiezan una relación, puedan hablar sobre esto y definir qué expectativas tienen con respecto a la fidelidad. El problema es que es un tema tabú y las parejas nunca quieren hablar de esto, porque es un tema horrible que muchas veces no se sabe cómo sacar. Además, muchas veces, a no ser que haya una infidelidad muy evidente, tendemos a autoengañarnos para no sentirnos mal.
—¿Cuál es el perfil de persona que normalmente acude a consulta por una infidelidad?
—Normalmente, quien tiene una relación sexual puntual no es la persona que acude a consulta. El problema que lleva a consultar es cuando aparece una relación porque hay una necesidad no cubierta en la relación primaria. Por ejemplo, alguien que lleva al niño al colegio todos los días y empieza a hablar con un papá o con una mamá del curso, poco a poco se empiezan a relacionar y se toman un café y empieza una infidelidad que casi siempre comienza desde lo emocional, aunque con el tiempo acabe siendo una relación con intimidad. Esto les ocurre tanto a hombres como a mujeres. Entonces van a consulta, porque sin buscarlo han acabado siendo infieles.
—¿Cómo llega una persona a ser infiel sin buscarlo?
—Antes de eso hubo una insatisfacción dentro de la pareja. La persona sentía que su pareja no le daba atención o no quería hacer cosas con ella. Llega un momento en el que tú tienes unas necesidades y estas toman las riendas. Si te dejan sin comer tres días y luego te ponen un plato de jamón, aunque tú seas vegetariano tu cerebro te va a llevar a cubrir esas necesidades. Después, esos valores se vuelven a encender y aparece la culpa. Es ahí cuando se viene a consulta.
—En el libro explica que el ámbito laboral es donde se producen más frecuentemente las infidelidades. ¿A qué se debe?
—Por una parte tú pasas muchas horas con tus compañeros de trabajo y el contacto hace que desarrollemos afinidad. Además, en una empresa hay personas afines a nosotros en cuanto a nivel de formación, objetivos o estilo de vida. Yo diría que en consulta la mayoría de infidelidades han surgido en un entorno laboral. Muchas veces, lo que ocurre en estos casos es que una persona ha decidido no seguir pero el otro sí quiere continuar. Y eso aún es más complicado porque cada día estás viendo a esa persona en la oficina.
—¿Es recomendable confesar una infidelidad después de que ha ocurrido?
—Cuando tú confiesas una infidelidad, lo que tienes que saber es que en esa relación ya se ha producido una ruptura. Y tú con tu pareja vas a crear otra que empieza de cero. Ya no vas a ser el mismo para esa persona. Va a haber muchos momentos de malestar y tienes que tener claro que esto va a ocurrir. Aunque esto suene poco sincero, si la relación de infidelidad se ha cortado definitivamente, lo mejor es no decir nada y cargar con el peso de la mentira. Porque si lo dices la relación ya nunca va a ser igual. A no ser que haya una enfermedad de transmisión sexual o un posible embarazo, en esos casos hay que contar lo que ha pasado.
—Cuando se descubre una infidelidad, ¿cuál es la mejor manera de gestionarlo?
—Depende. No va a ser igual si es una infidelidad solamente sexual que si hay un componente emocional, o si es una persona que conoces o alguien desconocido. De todas formas, cuando alguien confirma que le han sido infiel, lo primero que tiene que hacer es parar, pensar y evitar hablar en caliente. Es normal que cuando te enteras de algo así, explotes. Pero es mejor parar antes de reaccionar. Y si una persona decide confesar una infidelidad, lo primero es buscar un momento apropiado, porque esto es un shock. Lo mejor sería un fin de semana, para que el otro tenga un tiempo para asumir la noticia. Y contar con detalle lo que ha pasado, sin quitarse culpa y sin justificarse nada.
—¿Es frecuente la dificultad de volver a confiar tras una infidelidad?
—Es frecuente. Para que vuelva a haber esa confianza, la persona infiel va a tener que mostrar de una forma continua que ha cambiado y que no va a volver a hacerlo. Quien confiesa en una infidelidad tiene que estar abierto a que su privacidad durante un tiempo desaparezca, porque si no, la otra persona va a estar siempre sufriendo y una relación donde siempre estás alerta no va a funcionar. Por eso digo que si la relación de infidelidad ha acabado, muchas veces es mejor no decir nada.
—¿Es posible recomponer la relación?
—Sí, he visto casos y el perdón es posible, aunque el porcentaje más alto no es el de relaciones que se mantienen. Este proceso de perdón no se hace ni en un mes, ni en dos, ni en tres. Pueden pasar dos años y un día la persona que sufrió la infidelidad te puede seguir echando en cara lo ocurrido. Es un tema que siempre seguirá latente. Y hay otra forma que a veces algunas personas utilizan para sanar esto, que es con la infidelidad por venganza.
—¿Eso ayuda realmente a superarlo?
—Aunque en la teoría parezca que no ayuda, incluso muchas personas que han sido infieles les dicen a su pareja: «Sé tú también infiel». Sí que ayuda a determinadas parejas.
—¿Es posible prevenir la infidelidad?
—Yo creo que las personas, igual que nos hacemos revisiones de salud, de vez en cuando deberíamos hacernos chequeos emocionales. Preguntarnos si estamos bien a nivel autoestima, si estamos bien a nivel de estabilidad emocional, si estamos bien a nivel frustración, porque todas estas cosas que pensamos que no nos afectan nos pueden afectar. El revisarnos nos puede ayudar a evitar todas estas cosas, porque muchas veces una infidelidad viene por una inseguridad física, por ejemplo, porque necesitamos refuerzo o validación o tenemos la autoestima baja. Y luego está el tema de la pareja, es decir, cuando algo no nos gusta de ella, tendremos que hablarlo. Otra cosa importante es que las relaciones tienen que seguir siendo vivas.
—¿A qué se refiere?
—Llega un momento en el que la rutina mata la relación, sobre todo cuando hay niños, que es cuando más infidelidades hay. Si no hubieran niños, habrían rupturas. Como hay niños, hay infidelidades. Un niño necesita rutinas. Pero una pareja necesita salir de esta rutina, que haya un momento para bailar, para tomar algo, para quedar con amigos. Con el tiempo, no nos damos cuenta y vamos abandonando todo esto. Entonces, cuando llega desde otros ámbitos algo de adrenalina, es más probable que nos atraiga.
—¿Qué mitos persisten acerca de la infidelidad en la sociedad?
—El mayor mito es que la persona infiel es una mala persona. En mi consulta he visto multitud de casos de infidelidad de pacientes que son buenas personas, pero que se han visto en esta situación sin buscarlo y que no saben cómo salir de ella. La infidelidad no siempre está relacionada con personas que quieren dañar a su pareja. Cuando nos enteramos de una infidelidad, lo que deberíamos hacer, en lugar de sacar conclusiones, es preguntarnos qué ha pasado y por qué.