Un comité de diecisiete expertos deciden la redacción del próximo manual de psiquiatría, en cuya cocina se definirá el futuro del diagnóstico de la patología mental
28 ene 2026 . Actualizado a las 11:37 h.Eran tan solo 130 páginas que describían 106 trastornos mentales, pero la aparición en el año 1952 de la primera edición del DSM (Manual diagnóstico y estadístico, por sus siglas en inglés, de los trastornos mentales) cambió para siempre la práctica de la psiquiatría. El gran libro diagnóstico de la salud mental —reiteradamente apodado como «la biblia de la psiquiatría», dando una idea bastante clara de su trascendencia—, elaborado por la Asociación Estadounidense de Psiquiatría (APA), lleva dibujando durante setenta años qué es y qué no es patológico en la disciplina. Una labor que ha servido para juntar las piezas y organizar la atención clínica de los problemas mentales, pero que también ha resultado controvertida y muy criticada por mirar más a la estadística, al sumatorio de síntomas, que a la realidad global del paciente.
Desde aquel primer manual, los años han traído sucesivas versiones y actualizaciones. En 1968, el DSM-II; en 1980, el DSM-III; en 1994 aterrizó la cuarta versión; y fue en el año 2014 cuando vio la luz el DSM-V —que ha ido sufriendo diferentes actualizaciones hasta alcanzar su versión actual, DSM-V-TR—, que asciende hoy a casi quinientas páginas y unas trescientas entidades clínicas, asentándose como el manual diagnóstico de referencia para la profesión. De media, han trascendido doce años entre versión y versión, por lo que, cumplidas más de una década desde que el DSM-V vio la luz, el mundo de la psiquiatría permanece atento a una actualización que va cogiendo forma y promete cambios importantes, aunque todavía se desconoce la fecha exacta de su publicación, como informaron a la prensa estadounidense los miembros de la asociación americana. Un comité de diecisiete expertos forman el comité estratégico para el futuro manual, un proyecto que está en el horno; su hoja de ruta, trazada. La última declaración de intenciones, la publicada este miércoles por The American Journal of Psychiatry.
Cambiará hasta su nombre
De Manual diagnóstico y estadístico a Manual diagnóstico y científico. El DSM cambiará su nombre en lo que se lee como una clara declaración de intenciones y una concesión a los críticos. «La reciente publicación en The American Journal of Psychiatry de las propuestas realizadas por los distintos subcomités (Estructura y Dimensiones; Funcionalidad y Calidad de vida; Biomarcadores y Factores biológicos; Determinantes Socioeconómicos, Culturales y Ambientales) da muestras del genuino esfuerzo por superar las debilidades de su versión anterior», apunta en declaraciones a través de Science Media Center Francisco Collazos, jefe del área de Salud Mental de Adultos de Fundació Hospitalàries Barcelona, psiquiatra adjunto del servicio de psiquiatría Hospital Universitario Vall d'Hebron y profesor asociado del departamento de Psiquiatría y Medicina legal de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB). De entre todas las versiones del manual, ninguna ha recibido críticas tan descarnadas como el DSM-V, al que se ha tachado, entre otros muchos reproches, de favorecer los intereses de la industria farmacéutica a través de la patologización del sufrimiento cotidiano, generando falsos positivos. Por eso, en la cocina de los psiquiatras americanos se busca que el próximo DSM sea un manual más dinámico que incluya biomarcadores para condicionar un diagnóstico.
«La propuesta plantea un modelo holístico en el que interactúan los factores contextuales (socioeconómicos, culturales, ambientales, patologías comórbidas, funcionalidad, calidad de vida), los diagnósticos (donde se identifica no solo un diagnóstico principal sindrómico sino, de haberlos, los más específicos, su gravedad y su equivalente en la Clasificación Internacional de Enfermedades [CIE]), los biomarcadores (incluyendo todos los factores relacionados con la biología del cerebro y el cuerpo medidos mediante cualquier modalidad, incluidas la neuroimagen, genética, metabolómica, cognición o fenotipos digitales, etcétera) y las características transdiagnósticas (incluso aquellas que pueden no haber sido recogidas en la dimensión diagnóstica, como podría ser la ansiedad, los déficits cognitivos o la apatía)», explica Collazos.
Así, el futuro DSM, salga cuando salga, abrazará lo que Eduard Vieta, catedrático de Psiquiatría de la Universidad de Barcelona, jefe del Servicio de Psiquiatría y Psicología del Hospital Clínic de Barcelona e investigador del Centro de Investigación Biomédica en Red de Salud Mental (Cibersam), define como «psiquiatría de precisión»: «Para alcanzar dicho paradigma, se introducen, esta vez de forma inequívoca y oficial, los biomarcadores y las dimensiones sintomáticas. También es relevante el énfasis en la funcionalidad y la calidad de vida».
Parece que habrá propósito de enmienda, cierta autocrítica por parte de la APA que recoge el guante tendido por los críticos. Con todo, no se debería esperar un manual perfecto, «seguirá siendo un producto esencialmente originado en Estados Unidos, aun contando, como en ediciones anteriores, con asesores externos (pocos), y una herramienta práctica criticable (y criticada), pero con una influencia enorme en la práctica clínica del cuidado de los trastornos mentales y en la investigación», según explica Vieta, en declaraciones recogidas por Science Media Center, mostrando cierto optimismo. «La dirección de los cambios es la correcta y, aunque ciertos sectores seguirán criticando la ‘medicalización' del sufrimiento psíquico (en parte, por una visión ideológica que niega la neurobiología y aplica un reduccionismo social acientífico), creo que será un paso adelante para mejorar la validez y la fiabilidad del diagnóstico psiquiátrico». Toca esperar para conocer cuán será de brusco el cambio que preparan los especialistas del mundo para la psiquiatría que, cabe esperar, será aplicado en todo el mundo.