Botulismo tras el consumo de tortilla envasada: ¿qué es?, ¿qué alimentos se deben evitar?

Lucía Cancela
Lucía Cancela LA VOZ DE LA SALUD

ENFERMEDADES

El atún en lata es uno de los productos más habituales para la aparición de la toxina botulínica.
El atún en lata es uno de los productos más habituales para la aparición de la toxina botulínica. iStock

La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición recuerda que la conservación de productos, según lo indicado por el fabricante, es esencial | La alerta de la Aesan tras confirmarse varios casos en España

20 jul 2023 . Actualizado a las 18:08 h.

La conservación de alimentos en verano es un tema primordial en materia de seguridad alimentaria. Cuando se compran ciertos productos es de suma importancia seguir las recomendaciones indicadas por el fabricante y el etiquetado del alimento. La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (Aesan) ha vuelto a recordar las claves que evitan una intoxicación alimentaria, después de confirmar nuevos casos de botulismo relacionados con el consumo de tortitas de patata envasadas, a la venta en supermercados. 

¿Qué es el botulismo?

«El botulismo de transmisión alimentaria es una enfermedad grave, que puede ser mortal aunque es relativamente inusual», responde la Organización Mundial de la Salud. Consiste en una intoxicación provocada por la ingesta de alimentos contaminados con neurotoxinas «muy potentes» conocidas como toxinas botulínicas. 

Detrás de estas, se encuentra la bacteria Clostridium botulinum, con capacidad de generar esporas. Estas son estructuras termorresistentes y ampliamente difundidas en el medio ambiente, «que en ausencia de oxígeno germinan, crecen y excretan toxinas», explica la Aesan. Precisamente, se conocen siete formas distintas de toxinas botulínicas, denominadas con letras de la A a la G. Eso sí, solo cuatro pueden causar botulismo humano

¿Por qué vuelve a ser noticia?

La Aesan ha confirmado cuatro casos de botulismo, y dos probables, en distintas comunidades autónomas, vinculados a un consumo previo de tortilla envasada de supermercado. Según la agencia, dependiente del Ministerio de Consumo, en tres de los confirmados y en uno de los que se sospecha, la empresa responsable de la elaboración de las tortillas es la misma, Ahorramás. Con todo, «no se ha podido establecer una evidencia, ni en los productos ni en los procesos, que relacionen causa efecto». El supermercado ha decidido retirar de la venta los productos en cuestión, «en espera de que las investigaciones avancen».

¿Cómo se produce la intoxicación?

Tanto la Aesan, como la OMS, reconocen que la principal vía de intoxicación es la alimentaria. Es decir, la persona ingiere alimentos contaminados con la bacteria debido a que han sido mal preparados o conservados. En general, existen otras formas de contraer la enfermedad, como es a través de las heridas abiertas, inhalación o como un efecto secundario del uso de la toxina botulínica en el tratamiento de patologías neuromusculares o en cosmética

¿Qué alimentos tienen mayor riesgo de que esta bacteria se propague?

Los alimentos que suelen relacionarse con mayor frecuencia al botulismo son las conservas caseras, especialmente, las de vegetales como guindillas en aceite, espárragos o judías verdes. También ocurre en «pescados, como el atún en lata, o aquellos que tienen preparaciones del producto fermentado, salado y ahumado, así como en productos cárnicos, como el jamón o las salchichas», explica la Aesan. Una lista que puede variar de un país a otro en función de cómo se conserven los alimentos y los hábitos locales de cada sitio. Eso sí, la bacteria se suele asociar a alimentos poco ácidos, donde puede desarrollarse la toxina. 

¿Cómo se desarrolla?

La Clostridium botulinum es una bacteria que solo se desarrolla en ausencia de oxígeno. Cuando esto sucede, puede crecer y producir toxinas en los alimentos que, además de tener un bajo contenido en oxígeno, se encuentren en ciertas combinaciones de temperatura de almacenamiento y conservación. Por ejemplo, si un bote de espárragos no queda debidamente cerrado. 

Es más, como esta toxina no se generará en alimentos ácidos, «la baja temperatura de almacenamiento, el contenido de sal o el propio pH del producto también se puede utilizar para prevenir su aparición», explica la Aesan. 

¿Cuál es el efecto de la toxina botulínica en el organismo?

Esta toxina impide la transmisión del impulso nervioso y, como consecuencia, puede derivar en una parálisis flácida de los músculos esqueléticos y un fallo parasimpático. 

Tras su absorción a través del tracto gastrointestinal, la toxina viaja a través «de la vía linfática o sanguínea hasta que alcanza su lugar de acción, las terminaciones nerviosas», detalla la Aesan. Sin embargo, como no puede atravesar la barrera hematoencefálica, solo actúa en el sistema nervioso periférico y en el sistema nervioso autónomo. 

¿Cuáles son sus síntomas?

Al ser neurotóxica, afecta al sistema nervioso y por lo tanto provoca una parálisis flácida descendente que puede llegar a causar una insuficiencia respiratoria. Los síntomas suelen comenzar por fatiga intensa, debilidad y vértigo, para después evolucionar a visión borrosa, sequedad de boca, así como dificultad para tragar y hablar. También pueden producir manifestaciones a nivel gastrointestinal, como vómito, diarrea, estreñimiento o inflamación abdominal, además de debilitar el cuello y los brazos. Finalmente, puede afectar a los músculos respiratorios y a los de la parte inferior del cuerpo. 

¿Cuánto tardan en aparecer?

Suelen manifestarse entre 12 y 36 horas después de la ingesta. Aunque existe un plazo mínimo de cuatro horas, y máximo de ocho días. 

¿Cómo se diagnostica?

El profesional se basará en la historia y examen clínico, además de confirmar en el laboratorio, la presencia de la bacteria o la toxina botulínica en el suero, en las heces o en los alimentos. Su incidencia se considera baja, pero sin diagnóstico precoz y tratamiento adecuado, la tasa de mortalidad es alta y se sitúa entre el 5 y el 10 % de los casos. 

¿Cuál es el tratamiento?

La Aesan explica que suele estar dirigido a la asistencia respiratoria. Se administra la antitoxina botulínica para neutralizar el efecto y aplicar una terapia de soporte. 

¿Se puede prevenir?

La buena noticia es que la prevención del botulismo es posible. Se basa en buenas prácticas de elaboración, conservación e higiene. ¿Cómo? Mediante la inactivación de las esporas bacterianas. «La pasteurización comercial no siempre es suficiente», precisa la Aesan, que añade: «Las temperaturas de refrigeración combinadas con el contenido de sal y/o las condiciones de acidez impedirán el crecimiento de la bacteria». 

La entidad pone el foco en alimentos con bajo contenido ácido: «Como espárragos, judías verdes, pimientos morrones, berenjenas, champiñones, remolacha o maíz», indica. Aunque, siempre que sea posible, desalienta la elaboración de conservas caseras. 

A nivel práctico, si un producto enlatado presenta óxido, abombamiento, pérdidas de líquidos y olores anómalos es mejor desecharlo. «Para reducir el riesgo de botulismo infantil, se debe evitar que los niños menores de 12 meses consuman miel y/o infusiones de especies vegetales», concluye la Aesan. 

Lucía Cancela
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Lucía Cancela

Graduada en Periodismo y CAV. Me especialicé en nuevos formatos en el MPXA. Antes, pasé por Sociedad y después, por la delegación de A Coruña de La Voz de Galicia. Ahora, como redactora en La Voz de la Salud, es momento de contar y seguir aprendiendo sobre ciencia y salud.

Graduada en Periodismo y CAV. Me especialicé en nuevos formatos en el MPXA. Antes, pasé por Sociedad y después, por la delegación de A Coruña de La Voz de Galicia. Ahora, como redactora en La Voz de la Salud, es momento de contar y seguir aprendiendo sobre ciencia y salud.