Ángeles Bonmatí, experta en cronobiología, sueño y ritmos circadianos: «Aunque durmamos más durante el fin de semana, el sueño perdido no se puede recuperar»

Lucía Cancela
Lucía Cancela LA VOZ DE LA SALUD

EL BOTIQUÍN

Ángeles Bonmatí, experta en cronobiología.
Ángeles Bonmatí, experta en cronobiología.

Es investigadora postdoctoral en el Ciber de Fragilidad y Envejecimiento Saludable (Ciberfes), y en el laboratorio de cronobiología de la Universidad de Murcia

27 may 2022 . Actualizado a las 11:03 h.

La noche es más que necesaria. Ángeles Bonmatí lo tiene claro. Es licenciada en biología, investigadora posdoctoral en el Ciber de Fragilidad y Envejecimiento Saludable (Ciberfes), y en el laboratorio de cronobiología de la Universidad de Murcia. Asegura que el sueño afecta directamente a la salud, tanto física como mental, y en esto tiene mucho que ver la luz solar. ¿Hasta qué punto condiciona el día a día?

—¿De qué hablamos cuando hablamos de reloj interno?

—Es el sistema que rige en nuestro organismo los cambios fisiológicos que se producen a lo largo del día. Nuestra fisiología no siempre es igual, sino que van surgiendo variaciones relacionadas con los cambios ambientales del día y de la noche. Estos ritmos se conocen como los ritmos circadianos, porque tienen un período parecido a las 24 horas, y son regulados por un mecanismo que se conoce como reloj circadiano o central. Está situado en el núcleo supraquiasmático, una zona de poquitas neuronas del hipotálamo en el cerebro que funcionan de manera sincronizada emitiendo señales al resto del organismo a través de neurotransmisores y de hormonas, como puede ser la melatonina, que se segrega por la glándula pineal y recibe información de este reloj central. Además, también tenemos osciladores periféricos en casi todos los órganos y tejidos del organismo, que son a su vez, los que acaban generando esos ritmos.

—¿Podría darme algún ejemplo de las señales que envían los ritmos circadianos?

—Claro. Una de las más conocidas, y con mayor protagonismo, es precisamente la de la melatonina. Es la hormona que llamamos de la noche o de la oscuridad, y se segrega cuando llega la noche en cualquier animal mamífero que la produzca. Por ejemplo, en los humanos está asociada a dormir, pero tiene otras funciones en organismos que son nocturnos. A mayores, más allá de prepararnos para descansar, esta hormona tiene una función cronobiótica, por la cual ayuda a poner en hora al resto del organismo. 

—¿Qué papel juega el sol en estos ritmos circadianos?

—Es fundamental. El reloj central funciona con un período de aproximadamente 24 horas, lo que quiere decir que si nos metiésemos en un búnker totalmente aislados de los cambios ambientales, mantendríamos unos ritmos pero cada día nos iríamos a dormir y nos despertaríamos un poco más tarde. Es decir, el reloj seguiría funcionando pero no estaría sincronizado porque se retrasaría un poco. Y es precisamente la alternancia del día y la noche, de la luz y oscuridad, la que lo pone en hora. Se trata de una señal fundamental para sincronizarnos con el medio ambiente. Por eso es tan importante que recibamos luz natural durante todo el día, y sino, al menos luz artificial lo más brillante y parecida al sol posible.

—¿Y por la noche?

—Todo lo contrario. La noche tiene que ser oscura. De ahí la importancia de no utilizar pantallas cuando estamos cerca del momento de ir a dormir. La luz brillante actúa en nuestro cerebro, y este recibe la señal de que es de día, de que hay actividad y de que por lo tanto hay que permanecer despiertos.