Los distintos calendarios

La Voz

ESCUELA

09 ene 2013 . Actualizado a las 13:20 h.

Los dos movimientos de la Tierra no están sincronizados entre sí ni con el de la Luna. La Tierra tarda en su traslación algo más de 365 veces lo que dura su rotación, exactamente 5 horas y 47 segundos más. Por su parte, los 29 días y medio del mes lunar, si pensamos en 12 meses lunares al año, darían un total de 354 días, que tampoco coinciden con el tiempo de traslación de la Tierra.

Por estas razones existen distintos tipos de calendarios en el mundo. Unos toman como referencia esencial el Sol y otros, la Luna. El nuestro, el occidental, llamado gregoriano por la reforma que introdujo el papa Gregorio XVI, es el más utilizado. Es un calendario solar, porque la referencia son los movimientos aparentes del Sol. Lo heredamos de los romanos, quienes lo llamaron juliano por la reforma que hizo de él Julio César, que introdujo los años bisiestos cada cuatro para compensar las 5 horas, 48 minutos y 45,16 segundos más que tarda la Tierra en dar su vuelta alrededor del Sol. Con ese sistema, cada año bisiesto se iban contabilizando más de 11 minutos de más, porque en realidad 5 horas 48 minutos y 45,16 segundos, multiplicados por cuatro dan menos horas de las 24 que se añadían. Por eso al cabo de 17 siglos se habían acumulado 10 días de más.

Otra diferencia que presenta nuestro calendario respecto del romano más antiguo es el del comienzo del año y de la era. La era se comenzaba a contar desde la fundación de la ciudad de Roma (es lo que significa la expresión «ab urbe condita») y el año comenzaba en marzo. Esta realidad tiene una consecuencia curiosa que se refleja todavía en nuestro calendario. Hay meses que tienen nombres mentirosos: septiembre significa ?mes séptimo?, octubre ?mes octavo?, noviembre ?mes noveno? y diciembre ?mes décimo?. Era el orden que les correspondía cuando el año comenzaba en marzo. Sin embargo son los meses del noveno al duodécimo, respectivamente.

También el comienzo de la era se cambió por motivos religiosos hacia el año 800. Muchos años antes, en el 525, el papa Juan I pidió al monje Dionisio el Exiguo que calculase la fecha exacta del nacimiento de Cristo. Lo hizo y, aunque se equivocó, la fijó en el año 753 «ab urbe condita». Fue más o menos hacia los tiempos de Carlomagno cuando se comenzó a contar nuestra era desde ese año.

Hay otros calendarios que son lunares, pues tienen como unidad básica de medida el ciclo lunar, es decir, el mes de 29 días y medio. Entre ellos están los calendarios musulmán y el hebreo.