Cocinar nos hizo únicos

> Susana Pérez

ESCUELA

MARCOS MÍGUEZ

El «Homo erectus» primero dominó el fuego y después lo utilizó para preparar sus alimentos

28 nov 2012 . Actualizado a las 12:12 h.

Hace casi dos millones de años el Homo erectus, especie predecesora de la nuestra, entró en la escena evolutiva humana y fue protagonista de un hecho trascendental, un incremento de casi el 50 % en el tamaño del cerebro con respecto a sus antecesores. A lo largo de su existencia, este homínido habría empezado a utilizar el fuego para asar carnes y vegetales, un hito que parece haber sido clave en los cambios anatómicos, entre ellos el aumento de la cavidad craneal, que se sucedieron en la estirpe humana, y que la ha diferenciado de otros primates. Un estudio recientemente publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences, realizado por investigadores de la Universidad Federal de Río de Janeiro, ha proporcionado datos que demostrarían que mantener el consumo energético que requiere un cerebro del tamaño del humano no habría sido posible solo a base de comida cruda.

Una de las tendencias biológicas generales en los mamíferos es que, a mayor tamaño del cuerpo, mayor tamaño cerebral; pero esto no se cumple en los humanos, los únicos primates con un cerebro más grande de lo esperado para su masa corporal. Según se explica en este estudio, desarrollar ambos aspectos al mismo tiempo sería una estrategia excluyente por razones metabólicas; cuanto mayor es el tamaño del organismo, más energía requiere para su mantenimiento y mayor es el tiempo que se necesita dedicar a alimentarse.

Estableció el estudio que el coste energético del cerebro está directamente relacionado con el número de neuronas, y este a su vez con la cantidad de energía que necesita un cerebro para funcionar correctamente.

El ser humano tiene unas 86.000 millones de neuronas, que consumen en reposo alrededor del 20 % de la energía total que precisa el organismo. En otros primates, como los gorilas o los chimpancés, con 33.000 millones y 28.000 millones de neuronas respectivamente, el gasto de energía de sus neuronas es de un 9 %.

Alimentación eficiente

Con estos datos, los investigadores calcularon entonces el tiempo que necesitarían distintas especies de primates para alimentar sus cerebros solo con comida cruda. Los gorilas emplearían 8,8 horas, los orangutanes 7,8, los chimpancés 7,3 y los humanos tendríamos que pasar 9,3 horas comiendo. Estos números apuntan a un límite en el aporte energético obtenido de los alimentos crudos.

Entonces, ¿cómo consiguieron nuestros antepasados mantener un cerebro que creció hasta un tamaño tres veces mayor que el de los otros primates? La respuesta es que habrían dado un paso decisivo cuando comenzaron a cocinar el alimento, haciéndolo más digerible; la comida cocinada se mastica mejor y más rápido, y experimenta transformaciones que facilitan una absorción más efectiva de nutrientes por el sistema digestivo. De esta manera, al conseguir una alimentación más eficiente que salvara el esfuerzo extra para mantenerlo, la evolución habría favorecido el desarrollo del cerebro, permitiendo al ser humano dedicar más tiempo a otras actividades y convirtiéndolo en una especie única sobre la Tierra.

Transformación de alimentos

La aplicación de calor sobre la comida produce diversas transformaciones físicas y químicas que facilitan su digestión y el aprovechamiento de las calorías que contienen. Las proteínas, por ejemplo, se desnaturalizan, lo que implica una modificación de su estructura que las deja más expuestas a la acción de las enzimas digestivas. En el caso de azúcares complejos, como el almidón de los vegetales, el cocinado también rompe su estructura y, en presencia de agua, lo convierte en una especie de gelatina que se digiere con más facilidad.

A esto se suma el hecho de que el gasto de energía dedicado al proceso de la digestión es menor cuando los alimentos están cocinados, lo que beneficia aún más el balance energético.