De último refugio de Bin Laden a campo de críquet

«No me lo podía creer, Bin Laden se escondía a solo diez minutos a pie de mi casa» recuerda Sabookth, uno de los primeros periodistas en llegar al lugar donde se desarrolló la operación secreta


jerusalén / colpisa

A Sabookh Syed la llamada de su hermana le sorprendió camino de Islamabad. Regresaba de una larga jornada de trabajo en Peshawar, donde había explotado el enésimo coche bomba. «Hemos escuchado unas fuertes explosiones, algo importante está pasando en Abbottabad», le dijo su hermana con voz asustada.

La noticia le causó una gran sorpresa porque esta tranquila población de media montaña situada a las faldas de las montañas Kakul, que es donde nació Syed, reportero especializado en yihadismo, nunca había sufrido el azote del terror y era sede de una de las principales academias militares del país.

Se acostó intranquilo, no se le pasó por la cabeza que mientras descansaba 23 miembros de las fuerzas especiales estadounidenses, un traductor y un perro estaban a punto de matar al hombre que durante una década había burlado al Ejército más poderoso del mundo. Durmió hasta que volvió a sonar el teléfono. Esta vez era su jefe, Hamid Mir, quien le informó de que Barack Obama acababa de anunciar la muerte de Osama Bin Laden y debía salir pitando hacia Abbottabad. Sabookkh era un joven reportero del canal Geo, uno de los más importantes del país, y fue uno de los primeros en plantar la cámara frente al edificio blanco de tres plantas en el que Osama vivió junto a su familia durante seis años. Voló por la carretera que une la capital con su ciudad natal. «No me lo podía creer, Bin Laden se escondía a solo diez minutos a pie de mi casa», recuerda con emoción Sabookh al otro lado del teléfono.

Famoso por su tranquilidad

Una década después nadie lo pone en duda, pero no se ha terminado de aclarar cómo el terrorista más buscado del mundo se refugió durante tanto tiempo a las puertas de una base militar. «Puede que tuviera la complicidad de nuestros militares y servicios de inteligencia o puede que lo eligiera porque estaba seguro que nadie le buscaría allí», piensa. Su última visita a Abbottabad fue hace apenas quince días y, mientras el resto del mundo recuerda el décimo aniversario de la muerte de Osama, en la población «no quieren ser recordados con aquellas bromas que les renombraron como ‘Osamabad' u ‘Osama Bin Town'. Quieren seguir teniendo un lugar famoso por su tranquilidad en la ruta hacia los ocho miles».

Las autoridades paquistaníes quisieron pasar página lo antes posible y en el 2012 derribaron el complejo de la familia Bin Laden para que no se convirtiera en un santuario. Desde entonces la hierba y la marihuana silvestres han crecido en la parcela y ahora es un campo de críquet para los niños del barrio. Este intento de cerrar este controvertido capítulo de la historia paquistaní, sin embargo, quedó enturbiado en el 2019 por el primer ministro Imran Khan, antigua estrella del críquet nacional, quien otorgó a Osama el estatus de «mártir» en un discurso.

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