«No más violencia, extremismos, facciones e intolerancias», dice el papa en Irak

El pontífice llega a Bagdad para realizar una visita histórica de tres días al país


Jerusalén / Colpisa

Dos años después del colapso del califato, el papa Francisco llegó este viernes a Irak para encontrarse con la minoría cristiana, uno de los grupos que más sufrió el azote de los yihadistas. Desde hoy al lunes, el pontífice recorrerá algunos de los escenarios arrasados por los combates contra el Estado Islámico (EI) y se entrevistará con el gran ayatolá Alí Sistani, líder espiritual de millones de chiíes en todo el mundo, secta del Islam a la que pertenece la mayoría de Irak. El éxodo de la comunidad cristiana comenzó en el 2003 con la invasión de Estados Unidos y la caída de Sadam Huseín. Desde entonces han pasado de 1.200.000 personas a no más de 300.000.

La primera parada del pontífice es Bagdad, donde tras recibir el saludo de las autoridades políticas, rezó en la catedral de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, un templo que sufrió una operación de asalto por parte de Al Qaida en el 2010 en la que 53 personas perdieron la vida. Los rostros de las víctimas presiden ahora una iglesia totalmente blindada con muros de hormigón. En esas paredes se han dibujado motivos en honor al papa, que realizará su oración entre medidas extremas de seguridad, algo que se repetirá en cada uno de sus actos.

En este marco, el papa Francisco hizo un llamamiento contra «la violencia», «los extremismos», «las facciones» y «las intolerancias» en su primer discurso. Ha instado a reconstruir el país, un mosaico de culturas que ha sido asolado durante años por la guerra y el terrorismo yihadista, desde la «discusión franca y sincera».

«Que cesen los intereses particulares, esos intereses externos que son indiferentes a la población local», ha pedido el Pontífice en el encuentro con las autoridades, la sociedad civil y el cuerpo diplomático en un salón del Palacio Presidencial de Bagdad.

Se trata del primer viaje del Papa desde el inicio de la pandemia de coronavirus que estará marcado por las tensiones entre las tropas estadounidenses y las pro iraníes y por las restricciones ante la pandemia. Hace pocos días tuvo lugar otro episodio de violencia en el país cuando una docena de proyectiles impactaron en un cuartel donde residen soldados españoles, estadounidenses e iraquíes y un funcionario del ejército estadounidense falleció de un paro cardíaco.

En su alocución, el Papa ha recordado a todos los que «a causa de la violencia, de la persecución y del terrorismo han perdido familiares y seres queridos, casa y bienes esenciales». Pero también se ha referido a toda la gente «que lucha cada día buscando seguridad y medios para seguir adelante, mientras que aumenta la desocupación y la pobreza».

Igualmente, ha pedido que se dé voz «a los pequeños, a los pobres, a la gente sencilla, que quiere vivir, trabajar y rezar en paz» tras elogiar los esfuerzos que está realizando el país para tratar de poner las bases de una sociedad democrática.

Apretada agenda

La siguiente jornada estará centrada en Nayaf, ciudad situada a 150 kilómetros al sur de la capital y a la que viajará en avión para conocer en persona al gran ayatolá Sistani, quien a sus 90 años realizará una excepción con el pontífice Jorge Mario Bergolio y romperá su habitual aislamiento para compartir una hora con él. Nayaf es una de las ciudades santas para los chiíes porque alberga el santuario con la tumba del imán Alí, yerno de Mahoma; es sede de la Hawza, la institución que dirige este grupo del islam, y de los centros de estudio más prestigiosos de los que salieron figuras como el iraní imán Jomeini o el gran ayatolá libanés Fadlallah.

Desde allí, el papa se dirigirá a Ur, lugar simbólico por ser la patria de Abraham, patriarca de judíos, cristianos y musulmanes, donde realizará un acto con otras confesiones.

Una misa multitudinaria

El domingo será el día dedicado a las ruinas del califato y a Erbil, capital de la región autónoma kurda, donde celebrará su única misa multitudinaria en el estadio Franso Hariri, donde se reunirán 10.000 personas. Desde Erbil, en helicóptero, Francisco se acercará a la vecina Mosul, la capital iraquí del califato que quedó arrasada durante la guerra, y a Qaraqosh, localidad cristiana de la llanura de Nínive a la que han regresado algunos cristianos tras los años de terror del califato.

En Qaraqosh han trabajado duro en la reconstrucción de la iglesia de la Inmaculada Concepción y el padre Georges Jahola señala que «la visita del papa es como un remedio para los acontecimientos que se produjeron antes: donde había violencia, este viernes llega la paz y una autoridad que habla tanto al ámbito político como al eclesial. Y nosotros necesitamos esto. Así que la visita del papa es para nosotros una especie de medicina», según declaraciones efectuadas a la web Vatican News.

El califato fue destruido tras la batalla de Baghouz en marzo del 2019, pero el Estado Islámico sigue activo y su presencia se mantiene a lo largo de la desértica frontera entre Siria e Irak. Según las cifras que maneja la ONU, el grupo podría tener unos 10.000 combatientes que actúan en la clandestinidad. En enero realizó su último gran atentado en el centro de Bagdad, y 32 personas perdieron la vida tras un doble ataque suicida. 

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