Starmer se niega a devolver a Corbyn su escaño en Westminster

La negativa contrasta con la decisión de readmitirlo en el Partido Laborista

Corbyn y Starmer, en una imagen de archivo
Corbyn y Starmer, en una imagen de archivo

Londres / E. La Voz

La promesa de Keir Starmer de reunificar al Partido Laborista se antoja cada vez más difícil y todo gracias al explosivo cóctel de Jeremy Corbyn y el antisemitismo. Este miércoles, el líder laborista le negó la posibilidad a su predecesor de regresar a su escaño en el Parlamento de Westminster. Esto a pesar de que, 24 horas antes, el Comité Nacional Ejecutivo (NEC, por sus siglas en inglés) de la formación decidió dejar sin efecto la suspensión de militancia que le había impuesto, debido a las acusaciones contra él por su inacción frente a los actos de discriminación en la formación, por lo que ha sido readmitido en el partido. «Las acciones de Corbyn en respuesta al informe de la EHRC [Comisión de Igualdad y de Derechos Humanos] socavaron y retrasaron nuestro trabajo para restaurar la confianza en la capacidad del Partido Laborista para abordar el antisemitismo. Bajo estas circunstancias, he tomado la decisión de no devolverle su escaño a Corbyn», anunció el líder opositor británico, quien agregó que mantendrá su decisión «bajo revisión».

Starmer justificó la medida en la declaración que el pasado 29 de octubre dio su predecesor, quien nada más conocer el resultado de la investigación denunció que el asunto «había sido exagerado por razones políticas por sus enemigos dentro y fuera del partido». Sin embargo, pasó por alto que esta misma semana el sancionado se desdijo.

A las trincheras

Corbyn guardó un prudente silencio y este miércoles solo usó su cuenta de Twitter para cuestionar que el Gobierno conservador dé solo 95,85 libras semanales (107,44 euros) a quienes deben aislarse por covid-19. Sin embargo, sus seguidores respondieron por él y asumieron la decisión como una declaración de guerra.

«Esto no solo es una farsa, sino que es un flagrante ataque a la izquierda en un momento en que los laboristas deberían unirse para enfrentarse a los conservadores», afirmó Andrew Scattergood, segundo de a bordo de Momentum, la organización de base que en el 2015 impulsó a Corbyn al liderazgo del partido. Asimismo, cinco concejales de la ciudad inglesa de Lancaster decidieron darse de baja en la formación, en señal de protesta contra lo que califican como deriva «hacia la derecha» de Starmer.

Para evitar más fugas, 27 diputados instaron al líder a dar marcha atrás. «Esto lo que va a hacer es causar más división», alertó el diputado John McDonnell.

Reunificar al ala moderada, cercana a las tesis de los ex primeros ministros Tony Blair y Gordon Brown, y al ala izquierdista de Corbyn fue la gran oferta de Starmer en su campaña por la dirección de la formación. Sin embargo, parece estar lejos de conseguirlo. La crisis se produce cuando, por primera vez en meses, los laboristas están a la cabeza en las encuestas. La empresa YouGov reveló la semana pasada que, si las elecciones fueran este domingo, los de Starmer obtendrían el 40% de los votos, mientras que los tories lograrían el 38%.

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