Boris se cubre las espaldas


A veces, a un político no le hace falta tener éxito, le basta con no tener la culpa. Eso es lo que busca ahora mismo Boris Johnson con su oferta a la UE para el brexit. El plan es fundamentalmente el mismo que la UE acordó en su día con Theresa May, con una pequeña pero importante modificación: desaparece la odiada salvaguarda irlandesa que ataba al Reino Unido a una unión aduanera con la UE, quedando a merced de que Bruselas decidiese cuándo ponerle fin. La solución que ofrece Johnson es complicada pero factible. Sobre todo, porque lo de la frontera irlandesa, digamos la verdad, siempre ha sido una excusa. No es necesaria una frontera «dura» porque apenas hay comercio en ella, aparte de un pequeño intercambio local de ganado y productos agrícolas (Johnson propone un mercado único en toda la isla para esos productos). Se dice que una frontera vulneraría los acuerdos de paz de Irlanda, pero lo cierto es que en los acuerdos ni se la menciona. En todo caso, ya hay controles, impuestos, precisamente, por la República de Irlanda para luchar contra el contrabando, y son más intrusivos que lo que propone Johnson. Pero esa no es la cuestión, como ha quedado claro por la reacción del primer ministro irlandés ante la propuesta de Johnson. Cogido por sorpresa, Leo Varadkar ha reconocido que, en el fondo, el problema no es la frontera, sino que él no quiere que Gran Bretaña salga de la UE. Acabáramos.

¿Aceptará la UE la propuesta? Tiene difícil rechazarla, porque es la misma que pactó con May, salvo por un cambio importante para Londres y secundario para la UE. Pero la cúpula europea actual está ya a punto de irse, y la tentación de no darle esta victoria personal a Boris Johnson, al cual detestan en Bruselas, va a ser muy grande. La cuestión es que, si le dan el portazo, Boris podrá decir que la UE nunca negoció de buena fe e irá a una salida sin acuerdo y sin sentimientos de culpa. Lo mismo sucede en el Parlamento británico. Boris ha conseguido lo más importante: el apoyo del DUP, el partido unionista de Irlanda del Norte. Eso hace difícil que los radicales probrexit rechacen este acuerdo de brexit blando, porque nadie puede ser más radical que el DUP sin desafiar las leyes de la física. En el Gobierno, de hecho, insinúan que ya tienen los votos necesarios. Si fuese así, el brexit sería ya cuestión de semanas. Pero habrá que verlo. En el Parlamento de Westminster pasa otro tanto que en la UE: hay un frente anti Boris que podría rechazar el acuerdo, aunque solo sea para perjudicarle.

Con lo cual volvemos al principio: Boris puede fracasar, pero ya se ha cubierto las espaldas. Si acaba habiendo una salida sin acuerdo, podrá decir que no es culpa suya. Si la oposición frustra el brexit, arrasará en las elecciones. Aunque lo cierto es que, después del monumental lío que se montó por la suspensión del Parlamento, esa oposición antibrexit ha sido incapaz de usar estos días extra para nada útil. Boris puede ahora suspender otra vez la Cámara de forma totalmente legal. Nunca fue una buena idea, esta de hacer oposición desde el Tribunal Supremo.

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