Los abogados de Ibar preparan ya un recurso que se verá en cinco años

Javier Peñalba MIAMI / COLPISA

INTERNACIONAL

Pablo Ibar, durante la sesión en el que el jurado emitió su veredicto unánime de culpabilidad
Pablo Ibar, durante la sesión en el que el jurado emitió su veredicto unánime de culpabilidad Giorgio Viera / Efe

El condenado y su familia no entienden el veredicto después de todas las pruebas aportadas en el juicio

21 ene 2019 . Actualizado a las 05:00 h.

Pablo Ibar pasó la primera noche tras el veredicto que le declaró culpable de un triple asesinato en un módulo especial reservado a personas que puedan suicidarse. No porque diera muestras de pretender lesionarse. Se trata de una medida de carácter preventivo que la Administración penitenciaria de Estados Unidos implementa de manera casi sistemática en aquellos casos de pena grave y, este es uno de ellos. Ibar deberá permanecer en el centro penitenciario de Broward hasta el próximo 25 de febrero. Ese día será conducido de nuevo ante el juez Dennis Bailey. Allí, el mismo jurado que ahora le ha declarado culpable deberá decidir si le impone la pena de muerte que solicita la Fiscalía de Florida o la cadena perpetua, petición que la defensa formulará el próximo 4 de febrero. La defensa se pondrá en breve a trabajar en el posible recurso. De prosperar la pena de muerte, la apelación deberá ser interpuesta ante el Tribunal Supremo de Florida. Si es condenado a cadena perpetua, ante el tribunal del circuito correspondiente de Florida. Pero fuentes jurídicas sostienen que la vista no tendría lugar antes de cinco años en cualquiera de los casos. 

Nadie entiende el veredicto

El mismo sábado, tras lectura del fallo, el preso de origen español fue trasladado de nuevo a la prisión de Broward County, desde donde pudo mantener una breve conversación telefónica con su padre, Cándido, cuyo contenido no ha trascendido. También Tanya, su mujer, pudo hablar con él por espacio de unos minutos. «Fue una conversación en la que Pablo le dijo que no entendía cómo el jurado podría haber llegado a aquel veredicto con todas las pruebas que habíamos podido aportar», relató Mimi, la cuñada, aún profundamente afectada por la decisión judicial. «No solo Pablo no entiende lo que ha pasado, nosotros tampoco».

El afectado fue, de entre todos los miembros de su familia quien, aparentemente, mejor encajó el veredicto. Mientras sus familiares echaban la vista al suelo y varios de ellos rompían a llorar, él se mantuvo tan entero como pudo. Cándido, en cambio, apenas halla consuelo. Está roto. A una sobrina suya que reside en el País Vasco le ha manifestado que «se quería morir; que tiene ya 75 años y que su máxima ilusión es ver a Pablo en libertad, y que ya no va a poder cumplir ese sueño», explicó Pilar Pereda, prima también de Pablo. Pereda resalta la ola de solidaridad que han recibido los familiares tras conocer el fallo. «La cuenta de ingresos para hacer frente al coste del proceso ha registrado numerosas operaciones. La respuesta de la sociedad hacia nosotros está siendo excepcional», cuenta.