May chantajea a sus críticos: «Votar no sería una subversión a la democracia»

Casi dos tercios del Parlamento se opondrán hoy a la propuesta del «brexit»


LONDRES / E. LA VOZ

Se acerca la hora de la votación clave del acuerdo del brexit y, por ello, la primera ministra británica, Theresa May, puso todas las cartas sobre la mesa en varias intervenciones a largo del día de ayer para persuadir a sus compañeros de partido de que voten a favor del texto: «Bloquear el acuerdo del brexit sería una subversión a nuestra democracia».

May destapó una carta de Bruselas, firmada por Donald Tusk y Jean-Claude Juncker, en el que se reafirma el carácter temporal de la salvaguarda irlandesa, diseñada para evitar una frontera dura tras el brexit. Además, llamó a todos a echar un segundo vistazo a su acuerdo antes de la decisiva votación de hoy, recordándoles que, cuando se escriban los libros de historia, la gente preguntará si los diputados cumplieron la voluntad del pueblo británico y si aseguraron la economía, la seguridad y la unión del país.

En un último intento de persuadir a los parlamentarios, May les dijo que comparte sus preocupaciones sobre la frontera irlandesa, razón por la que asegura que regresó a Bruselas para precisamente dejarlas reflejadas. Pero, Nigel Dodds, del partido norirlandés DUP, dijo que tal y como están las cosas, no pueden apoyar el acuerdo porque «no hay una garantía legalmente vinculante».

Deserción clave

Las maniobras a la desesperada de May para recuperar apoyos no encontraron demasiado eco. De hecho, ni siquiera bastaron para evitar la dimisión del diputado Gareth Johnson como responsable de la disciplina de voto dentro del grupo conservador por su desacuerdo con el plan de May. «Durante las últimas semanas, he intentado encajar mi labor como whip para ayudar al Gobierno a aplicar el tratado de retirada con mis objeciones personales al acuerdo. He concluido que no puedo, en conciencia, apoyar la posición del Gobierno cuando está claro que el pacto irá en detrimento de nuestra nación», argumentó.

Por su parte, el exministro de Asuntos Exteriores Boris Johnson, favorable a la salida del bloque común, señaló que cualquier movimiento del Parlamento para frustrar el brexit sería visto por los votantes como una «traición» y aseguró que algunos de sus colegas estaban «asustados» por la idea de que no habrá divorcio si no prospera el actual acuerdo.

Horas antes, May hizo otra declaración aún más dura ante los trabajadores de una fábrica de Stoke-on-trent, la conocida como «capital británica del brexit», donde un 70 % votó a favor de salir de la UE. «Sería el colmo de la imprudencia que los parlamentarios no voten a favor», advirtió. Para May, las consecuencias de hacerlo serían «una gran incertidumbre» y advirtió de cómo hay algunos en Westminster que «desearían retrasar o incluso detener el brexit».

El laborista Jeremy Corbyn reprochó al Gobierno de May los dos años de «negociaciones ambiguas», con líneas rojas que fueron anunciadas y luego desechadas, y abogó por rechazar el acuerdo por el interés nacional ya que es «malo para el país». La primera ministra le devolvió el reproche y lo acusó de no pensar en el interés de la nación, sino en el suyo propio.

El representante de los independentistas escoceses, Ian Blackford, acusó a la primera ministra de vivir en una «tierra de fantasía» y pidió que se celebre un segundo referendo. Lo cierto es que es poco probable que el acuerdo de May sea aprobado hoy. Así lo admitió Liam Fox, el ministro de Comercio Internacional y uno de sus últimos leales.

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