Del carisma popular al academicismo de Haddad

Luiz Inacio Lula da Silva
Luiz Inacio Lula da Silva

brasilia / corresponsal

La primera reacción de Fernando Haddad tras conocer la suspensión de Lula no puede hablar más a las claras de la situación en la que queda el PT. «Estaré con él el lunes, le transmitiré el resultado del TSE y ahí discutiremos qué hacer», dijo el exalcalde de São Paulo desde Fortaleza, uno de los grandes feudos electorales de la izquierda.

Licenciado en Derecho, máster en Economía y doctor en Filosofía, Haddad representa un academicismo y perfil intelectual alejado del apego popular de Dilma y, sobre todo, de Lula. Cuando el expresidente lo ascendió a abogado de su defensa solo para tener más tiempo de visita en la cárcel de Curitiba, quedó claro que Haddad pasaría de coordinador del programa político a sustituto de urgencia en caso de que Lula no pudiese concurrir a las elecciones.

Dicho y hecho. Haddad pasa de candidato a vicepresidente a candidato a presidente salvo que el PT se saque otro conejo de la chistera de aquí a 9 días, cuando termina el plazo que le ha dado el TSE para corregir su boleto electoral. Al lado de Haddad figurará ahora Manuela D’Ávila, la líder del Partido Comunista, una de las jóvenes caras de la nueva izquierda brasileña. La cuestión ahora para el PT es asegurar el trasvase del voto que recibiría Lula hacia Haddad, algo que parece lejos de conseguir si se atiende a las últimas encuestas. La más reciente pesquisa de DataFolha aseguraba a Lula un 39 % de intención de voto, mientras que sin el expresidente Haddad se queda en apenas un 4 %.

Lejos parece la posibilidad de que el PT se arrime a otras propuestas progresistas como la de Marina Silva (considerada una traidora en sectores del partido, pero cada día más fuerte en las encuestas, sobre todo tras un tenso cara a cara con Jair Bolsonaro en el último debate televisivo) y, sobre todo, de Ciro Gomes. «Considero la condena de Lula injusta, pero la Lei de Ficha Limpa iba a impedir su candidatura», dijo el candidato más cercano a la herencia del PT, al que sin embargo ataca por su «viaje lisérgico» de querer mantener a Lula en la carrera presidencial.

Despejado del escenario Lula, el mejor situado en las encuestas es el ultraconservador Bolsonaro, mientras los analistas políticos esperan que su figura se queme con la sobreexposición mediática de la campaña y sea derrotado en el segundo turno por el voto útil.

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