Los extremos toman ventaja en la batalla electoral colombiana

El candidato de la derecha uribista y un izquierdista, favoritos a disputarse la presidencia

El uribista Duque y el exguerrillero Petro
El uribista Duque y el exguerrillero Petro

Bogotá / E. La Voz

Colombia celebra el próximo domingo la primera vuelta de unas elecciones presidenciales con un claro protagonista: la polarización. ¿Derecha o izquierda? Los dos candidatos más alejados del centro ideológico son los que las encuestas colocan en segunda vuelta para disputarse ser el sucesor del presidente Juan Manuel Santos. Son el representante de la derecha uribista Iván Duque (con el 37 % de intención de voto), y el izquierdista Gustavo Petro (29 %). Ambos lideran también las encuestas que preguntan a los colombianos por quién no votarían nunca, un dato que da cuenta de la división existente.

Duque, un exdirectivo del Banco Interamericano de Desarrollo, que entró en política de la mano del expresidente Álvaro Uribe hace tan solo cinco años, se impone en las cifras de opinión, pero Petro ha hecho suyas las calles. Un millón de personas -siempre según las cifras del izquierdista- han estado en las calles apoyando su campaña.

En fuera de juego ha quedado, aparentemente, el centro. Sergio Fajardo, exalcalde de Medellín, apoyado por una coalición de partidos de izquierda, aunque algo más moderada que la petrista, ha repuntado en las encuestas en los últimos días, pero su proyección media de voto no supera los 15 puntos. Tampoco el exvicepresidente Germán Vargas Lleras ha conseguido que su campaña despegue, y solo una encuesta, que tiene en cuenta el gran poder de su partido, el Cambio Radical, en algunas regiones, le sitúa en segunda vuelta. La mayoría no le da ni el 10 % de los votos.

La campaña, según los análisis electorales de los principales medios colombianos, se ha ido deslizando hacia los extremos por la gran influencia en las elecciones de dos figuras muy polémicas y polarizadoras, como son Petro y el expresidente Uribe.

El exguerrillero del M19 (un grupo nacionalista de izquierdas disuelto en 1990) fue alcalde de Bogotá entre el 2012 y el 2015. Fue un periodo muy polémico, con buena dosis de escándalos. Llegó a ser destituido durante unas semanas de su cargo por su gestión del sistema de basuras. Quienes le apoyan destacan sus logros en educación y salud. Sus detractores, en cambio, le acusan de ser mesiánico, populista, y de no aceptar consejos.

Son, prácticamente, los mismos calificativos que utilizan los detractores de Uribe contra su figura. Los críticos creen que Duque será una marioneta del expresidente, que fue el senador más votado en las legislativas de marzo, y sigue siendo, posiblemente, el político más amado, y a la vez, el más odiado del país.

Otro elemento polarizador es la posición con respecto al acuerdo de paz con la guerrilla de las FARC. Petro es partidario de no tocar ni una coma del pacto de La Habana. Duque, en cambio, pretende modificar el acuerdo para evitar que quienes hayan cometido delitos de lesa humanidad paguen con penas efectivas de cárcel. Son las primeras elecciones después de que los guerrilleros dejasen las armas. El candidato uribista sabe que es el favorito entre ese 50,2 % de colombianos que votaron en contra del pacto con las FARC en el 2016. Un referendo que mostró a una Colombia partida por la mitad, tendencia que parece continuar en las presidenciales del día 27.

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