Los líderes italianos excluyen alianzas de gobierno a seis días de los comicios

Berlusconi y Renzi se sacuden la presión para que pacten con duros ataques


Roma / corresponsal

Italia entra en la recta final para las elecciones del domingo, pero todo sigue igual de confuso que antes de abrir la campaña. Las posibilidades de que las urnas traigan un gobierno fuerte, que depare la ansiada estabilidad a un país acostumbrado a ejecutivos que duran como media un año, son mínimas. Aunque las encuestas están prohibidas desde el 16 de febrero, los partidos y la prensa manejan datos sobre la intención de voto que no son muy halagüeños para ninguna formación a pesar de que Berlusconi se obstina en pregonar que su coalición alcanzará el 40 % necesario para formar gobierno.

La imposibilidad del ex Cavaliere de ser candidato por estar inhabilitado hasta noviembre de 2019, así como sus 81 años no han pesado en su hiperactiva campaña en la que ha prometido de todo: renta mínima de 1.000 euros mensuales a las amas de casa, impuestos reducidos y un largo etcétera de signo populista que los economistas se han apresurado a calificar como «imposible» ante la falta de recursos para acometerlo. Pese a lo descreídos que están, muchos votarán por él porque lo ven como la solución menos mala.

Berlusconi quiere al presidente del Parlamento Europeo, Antonio Tajani, al frente de un gabinete del que él formaría parte en la sombra. Pero con el primero que tendrá que hacer cuentas en caso de victoria es con su socio de coalición, Matteo Salvini, de Liga Norte, dispuesto a aguarle la fiesta y proclamarse candidato a primer ministro si su formación supera en votos a Forza Italia. Unidos electoralmente pero desunidos en todo lo demás, sobre todo en lo relativo a Europa y el euro, el matrimonio de conveniencia entre Berlusconi y Salvini puede terminar mal si este último no consigue saciar su ambición en el próximo Ejecutivo.

La eventualidad de que ningún partido consiga la mayoría dispara las hipótesis de alianzas poselectorales aunque los líderes se empeñan en negarlas. Los rumores más persistentes apuntan a que Matteo Renzi del Partido Democrático y Berlusconi estarían preparando un pacto como el que ya firmaron la anterior legislatura y que al final se rompió. Renzi desmintió ayer de manera categórica tal alianza. «Berlusconi está aliado con quienes son contrarios al euro, proponen impuestos a la importaciones y tienen como referencia a Le Pen. El PD no puede gobernar con extremistas», explicó en referencia a Salvini. Berlusconi también rechazó cualquier acuerdo con el florentino. «Soy uno de los muchos italianos que creyó en Renzi, que creyó que era aire nuevo. El pacto del Nazareno era una manera de cambiar juntos la Constitución y, sin embargo, Renzi demostró que no quería respetar ningún pacto».

Tampoco el Movimiento 5 Estrellas quiere oír hablar de alianzas aunque su candidato, Luigi Di Maio, se muestra abierto a «contratos» sobre puntos del programa. En este juego de alianzas pueden ser decisivas formaciones como Libre e Iguales que podrían alcanzar el 6 % de los votos. Convencido de ganar las elecciones, Di Maio comunicará estos días al presidente de la República, Sergio Matarella, y a todo el país, su equipo para que los electores sepan «quienes van a gobernar Italia los próximos cinco años».

Bruselas quiere una gran coalición

La incertidumbre que domina en Italia no ha pasado inadvertida en Bruselas donde la Comisión presiona en favor de una gran coalición entre las formaciones europeístas. «Me gustaría que Italia pueda disponer de un gobierno que gobierna» mediante apoyo parlamentario, dijo recientemente el titular de la Comisión, Jean-Claude Juncker, resumiendo el sentimiento general de la UE. A finales de enero Juncker recibió a Berlusconi como un amigo en Bruselas. Y Angela Merkel, que presionó en el 2011 para forzar su dimisión, lo considera de nuevo un socio. El francés Emmanuel Macron conversó por su parte en varias ocasiones con Matteo Renzi, la otra pata de la gran coalición y que presenta como candidato al actual primer ministro, Paolo Gentiloni. El objetivo de este movimiento, similar al lanzado para que el socialdemócrata Martin Schulz aceptara negociar un gobierno de coalición con Merkel, busca frenar la llegada al Palacio Chigi del Movimiento 5 Estrellas.

 

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