El robo del siglo: «Ni disparos, ni violencia, ni odio»

La Voz REDACCIÓN / LA VOZ

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BORIS HORVAT | Afp

La justicia francesa sienta en el banquillo al cerebro confeso del robo del siglo, 41 años después

15 feb 2018 . Actualizado a las 05:00 h.

Si Francia ve una hazaña en el golpe que dieron y lo considera todavía como el robo del siglo no fue únicamente por el botín que se llevaron, 46 millones de francos de la época equivalentes a 7 millones de euros hoy, sino también por la frase redonda que dejaron escrita con tiza en una pared de la sucursal de Societé Generale que asaltaron un fin de semana en julio de 1976: «ni disparos, ni violencia, ni odio». Se interpretó como el colofón de estilo de un atraco planeado al milímetro, que les exigió excavar un túnel desde el alcantarillado y perforar el muro de la caja fuerte para sustraer los 317 cofres que los clientes creían tener allí a buen recaudo.

Durante mucho tiempo, investigadores y justicia estuvieron convencidos de que el robo estuvo dirigido por Albert Spaggiari, un delincuente de origen italiano, antiguo miembro de la organización terrorista de ultraderecha OAS, que fue detenido en Niza en octubre de ese mismo año pero que consiguió fugarse cinco meses después saltando por la ventana del despacho del juez que lo estaba interrogando sin que volviese a ser capturado. Pero esa versión se vino abajo cuando una persona bajo el misterioso seudónimo de Amigo publicó en el 2010, una vez que el delito había prescrito, un libro titulado La Verité sur le casse de Nice.

El autor declaraba muy ufano que el cerebro del golpe había sido él y que Spaggiari, fallecido en 1989 a los 56 años víctima de un cáncer en Italia, no había pasado de ser un peón de brega de la banda. Esa persona misteriosa resultó ser Jacques Cassandri, una de las figuras estelares del hampa en Marsella, quien se sienta desde el lunes en el banquillo.

Nacido en Córcega hace 74 años, no es un desconocido para las autoridades ya que estuvo detenido a comienzos de los años setenta tras desmantelarse una operación de la red de tráfico de heroína entre Francia y América Latina conocida como «French Connection». Pero no debió escarmentar porque, para ser un genio del crimen, cometió un error de principiante y pecó de presuntuoso. No contaba con que el delito de blanqueo no prescribe en Francia y que sus revelaciones iban a permitir el reabrir el caso desde este ángulo.

A juzgar por el «patrimonio considerable» que tiene sin haber trabajado nunca, los investigadores llegaron a la conclusión de que su fortuna y la de su familia tiene su origen en el botín obtenido en el robo de Niza, sostiene la acusación. En su defensa, su abogado afirmó en declaraciones publicadas por Le Parisien, que el libro de 2010, sobre cuya autoría no hay dudas puesto que la policía encontró el original en el ordenador de Cassandri, es tan solo una novela de la que no se deben extraer pruebas incriminatorias.