La retirada de la Justicia

El Tribunal Supremo de Bangladesh hizo eregir una estatua de la diosa romana, pero la presión de los islamistas consiguió que la primera ministra decretase su retirada


El pasado diciembre, la Justicia llegó a Bangladesh, aunque fuese en efigie. A falta del género auténtico, que anda escaso en este país del subcontinente indio, el Tribunal Supremo hizo erigir en la capital, Daca, una estatua a la diosa romana Iustitia (Justicia). Esta es la deidad que los griegos llamaban Temis, «la del buen consejo», y también «la de las preciosas mejillas». Lleva en la mano izquierda una balanza para medir los argumentos de las partes y en la derecha una espada para hacer justicia. En su iconografía clásica viste la toga de los filósofos, pero a esta de Bangladesh le han puesto el sari de las mujeres locales.

En distintas variantes, esta alegoría de la Justicia está por todas partes: en los frontones, en el estuco de los techos de los tribunales... Y no solo en Occidente. Yo la he visto en Japón, en China, en Hong Kong... Hay una, por ejemplo, medio disimulada en un friso de los juzgados de Teherán. Pero su llegada a Bangladesh provocó la ira de los islamistas radicales, que la consideran un ídolo pagano. Han estado manifestándose violentamente para pedir que se retire. Y no solo están contra la Justicia. En realidad, esto es parte de una campaña para librar al país de todas sus estatuas, hacer que se prohíba la enseñanza del dibujo al natural en las escuelas y, ya puestos, tipificar la escultura como delito.

Cuando alguien le tiene tanta manía a las estatuas, que no se mueven ni dicen nada, es que el fondo tampoco les tiene demasiada simpatía a las personas.

Bangladesh vino al mundo a fuego y sangre al separarse de Pakistán en 1971, pero nació como Estado laico y democrático bajo la dirección de Mujibur Rahman, su fundador y primer presidente. Sin embargo, en los últimos años ha visto crecer con fuerza el radicalismo islámico. Se han generalizado los ataques contra los miembros de otras minorías, los asesinatos de extranjeros, los linchamientos de escritores y periodistas sospechosos de ser poco piadosos... Se entiende que los magistrados del Tribunal Supremo encargasen esa estatua de Iustitia, aunque fuese solo para que les diese ánimos.

Pero la primera ministra les ha traicionado. Sheikh Hasina, la mujer que lidera el país y el partido Awami, que se supone que es un defensor de la laicidad, se ha dejado intimidar por los fanáticos. El lunes pasado encontró un argumento para ceder ante ellos sin que lo parezca. Declaró que se oponía a la estatua, pero no por motivos religiosos sino porque se trataba de un imagen extranjera, se supone que una concesión al imperialismo greco-romano. Es una concesión que, con toda seguridad, traerá otras. Se da la circunstancia de que esta primera ministra es precisamente la hija de aquel Mujibur Rahman que fundó Bangladesh como Estado laico. Puede que lo que hizo el padre sea la hija quien lo deshaga.

El viernes, finalmente, el Tribunal Supremo se rindió y llamó a una empresa de mudanzas para que fuesen a llevarse a la Justicia. Se corrió la voz por Daca y en el exterior del tribunal se concentró una pequeña multitud con pancartas para intentar impedirlo, pero ya era tarde. La policía los dispersó a palos mientras, dentro, unos currantes ya estaban retirando a la diosa de su pedestal con una grúa. La envolvieron en plástico de burbuja y cinta aislante como si fuese un mueble viejo, y luego la metieron en un vehículo. Así salió la Justicia del Tribunal Supremo de Bangladesh: por la puerta de atrás, atada y tirada en el suelo de una camioneta como si se la llevasen secuestrada, rumbo a un destino desconocido.

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