A la sombra del capitán Yusuf


Las noticias eran ayer todavía confusas, pero si es cierto que los rebeldes han tomado el distrito de Ramusah, y especialmente su Academia de Artillería, sería un gran triunfo para ellos, tras una semana de estrellarse contra esta posición defensiva muy fortificada. Habrían, efectivamente, roto el cerco impuesto por las fuerzas gubernamentales el mes pasado sobre el sector oriental de Alepo, en manos de los rebeldes. De hecho, sería ahora el sector occidental, bajo el control del Gobierno, el que quedaría aislado. Ramusah, además, alberga otras escuelas militares y allí hay mucho material del que podrían incautarse los rebeldes. De confirmarse, pues, sería un golpe duro para las fuerzas de Al Asad. Otra cosa es que altere sustancialmente el curso de la guerra, más allá de prolongarla.

De hecho, esta ofensiva rebelde hay que verla más bien como una operación a la desesperada en la que las milicias de la oposición han empeñado prácticamente todas las fuerzas de que disponen en el norte del país. Saben que si Alepo Este se acabara rindiendo al Ejército este quedaría con las manos libres para ir contra Idlib, la única ciudad importante que queda en manos de los yihadistas (excluidos los del Estado Islámico). Es de Idlib, justamente, de donde salen la mayor parte de los voluntarios de esta ofensiva, lo que plantea un problema de relaciones públicas a los rebeldes, porque se trata de un notorio bastión del Frente de Al Nusra, la franquicia de Al Qaida en Siria.

Para resolver esa dificultad, el Frente al Nusra recurrió el mes pasado al trillado expediente de cambiar de nombre. Ahora se llama Jabat Fateh as Sham (Frente de Conquista del Levante) y se presenta como «uno de los veinte grupos» que luchan bajo la denominación conjunta de Yaish al Fateh (Ejército de Conquista). Sin embargo, no hay ninguna razón para creer que se hayan distanciado de la organización creada por Bin Laden y, junto con Ahrar as Shams (otra filial de Al Qaida), sus combatientes suponen, posiblemente, el 90 por ciento de los efectivos que tratan de romper el cerco de Alepo Este. Esta es, pues, la gran batalla de la yihad suní en Siria.

De hecho, para el observador atento, no pasará desapercibido el nombre que han dado a su ofensiva: «Mártir Ibrahim Yusuf». Es el nombre del capitán que, en 1979, llamó al comedor a los cadetes alauíes y cristianos de esa misma Academia de Artillería de Alepo en la que se centra el ataque de estos días. Yusuf era en secreto un militante islamista y, cuando hubo reunido a los jóvenes cadetes, hizo entrar a un comando yihadista que acribilló a medio centenar de ellos a balazos. A la sombra de aquella matanza sectaria se lucha ahora mismo en el barrio de Ramusah.

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