Un seguidor de Erdogan: «Vengo a Taksim por deber a la patria»

Los simpatizantes del presidente turco tienen tomada la plaza desde el fallido golpe de Estado


Estambul / Corresponsal

Cada noche desde la asonada golpista, la emblemática plaza de Taksim en Estambul muda de piel. La estampa de diversidad diurna -turistas y trabajadores, minifaldas y maletines, escotes y abayas (vestido musulmán)- da paso a un ambiente más recatado y monocorde. Las vallas, que se colocan a las seis de la tarde, cortan el tráfico de la calle Siraselviler y abren la vía a la llegada progresiva de simpatizantes del presidente Recep Tayyip Erdogan. «No hemos faltado un solo día y estamos aquí hasta la hora del rezo [a las cinco de la mañana]», asevera Melek, una joven turca entregada a la causa: «Erdogan es Turquía y Turquía es Erdogan».

El animador de uno de los escenarios invita a los asistentes a subirse a la plataforma y ponerse en el foco de una cámara que tomará fotografías para difundir en las redes sociales con la etiqueta #meydannöbeti (misión plaza). Los que responden al reclamo se emocionan, sacuden banderas turcas o banderolas con la cara del presidente. Varios alzan la mano con los cuatro dedos extendidos y el pulgar doblado. Es la señal de Rabaa, que popularizaron los Hermanos Musulmanes en Egipto contra la represión militar del presidente Al Sisi, y que Erdogan ha exportado a Turquía.    Con la caída del sol, aumenta la afluencia y huele a asado. «El problema no es Turquía sino los gulenistas», aclara Mehmet, un camarero que hace cola para recoger el bocadillo gratis que ofrecen los puestos de comida. «Han pasado alrededor de unas 25.000 o 30.000 personas cada noche», asegura Natalie hacer los bocadillos. Aunque la asistencia ha ido disminuyendo con los días, el centro de Estambul se ha convertido cada atardecer en un festival gubernamental. «No estoy aquí por Erdogan sino por la democracia», intenta razonar entre sus compañeros Ziya. «Soy constructor, no necesito comer, estoy en la cola para mostrar mi apoyo», justifica. La comida -bollos, agua o zumos- los entregan compañías privadas. Publicidad o adhesión a la llamada del Ejecutivo que hace difícil determinar la financiación de este evento.    

Acto final, el domingo

A los escenarios, rodeados por pantallas gigantes y agentes de la seguridad, van subiendo caras destacadas, vinculadas al AKP (partido del Gobierno), como el alcalde del distrito de Beyoglu en Estambul, Ahmet Misbah Demircan, que enardece a las masas. Los altavoces emiten decibelios de música, discursos y testimonios de las familias de los mártires (los casi 300 turcos que fallecieron la noche del 15 de julio) que dificultan la conversación. «Vengo a Taksim por deber a la patria», defiende Fahri. «No esperábamos algo así de un predicador como Gülen», añade. Un personaje que todos los asistentes rechazan. «Erdogan es un buen hombre», insiste Mehmet, orgulloso de mostrar su adhesión. «Seguiré viniendo hasta que Erdogan lo diga», asume Melek.

Tras azuzar la toma de la calle, desde los medios de comunicación y las mezquitas, Erdogan pondrá fin el domingo a esta movilización con un acto multitudinario que presidirá y con el que pretende sacar músculo. Mientras, la oposición social muestra sus reticencias por esta toma del espacio público que en nada representa a la heterogeneidad social de las protestas antigubernamentales de Gezi del 2013. Estos días, evitan pasar por Taksim. 

La purga de Erdogan contra Gülen alcanza a su propio partido

El Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) de Erdogan está peinando sus propias filas para purgarlas de personas bajo sospecha de tener vínculos con el clérigo Fethullah Gülen, a quien el mandatario acusa del fallido golpe del 15 de julio, informó hoy la agencia Anadolu.

Un documento interno del partido AKP, de corte islámico y conservador, apunta que la «eliminación» de simpatizantes de Gülen del partido será «minuciosa e inmediata» con el objetivo de «restaurar la atmósfera de paz y confianza», informó la agencia.

Erdogan acusa a Gülen de orquestar el fallido intento de golpe de Estado del 15 de julio y ha lanzado una purga masiva en todos los ámbitos de la política y la sociedad contra posibles seguidores del clérigo exiliado en Estados Unidos. Según datos del Gobierno, más de 60.000 empleados públicos han sido suspendidos tras el golpe y más de 25.000 personas fueron detenidas, de las que 13.000 se encuentran en prisión preventiva.

Gülen acusó ayer a la Justicia turca de estar a las órdenes de un poder cada vez más autoritario, después de que un tribunal de Estambul emitiera el jueves una orden de detención bajo la acusación de ser el cerebro del fallido golpe de Estado. El procedimiento abre la vía a una demanda formal de extradición a Washington.

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